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editorial
Acuerdo fundamental Avanzar en la alimentación adecuada y la mejor calidad
de nuestra educación pública son los desafíos del ahora.
La suscripción de un acuerdo general sobre la aplicación de políticas destinadas a la lucha contra la desnutrición infantil, por parte de los partidos políticos más significativos del Perú, parece conducir a un consenso respecto a la necesidad de enfrentar uno de los problemas sociales más serios de nuestra sociedad.
En efecto, un niño mal alimentado no sólo se encuentra disminuido en el aspecto físico, sino también en su desarrollo intelectual. Los estudios médicos han confirmado, desde hace varias décadas, los terribles efectos de la desnutrición crónica: reducción de la talla promedio, dificultades en el aprendizaje y retraso mental.
La situación se complica cuando esos niños son hijos de madres que también sufren de desnutrición y viven en condiciones de pobreza crónica. Por esta razón es indispensable la atención integral a las madres gestantes (en programas que deben incluir esquemas de planificación familiar para evitar embarazos no deseados) y sus hijos deben recibir –desde la más temprana edad– apoyo alimentario, el cual debiera continuar con los desayunos escolares.
Si logramos que un porcentaje importante de niños que viven en zonas de pobreza reciba una alimentación adecuada, habremos dado un paso importante; pero más adelante tendremos que complementar ese avance con una mejora en la calidad de la educación. Así, menores alimentados en forma óptima podrán iniciar su proceso de aprendizaje de modo normal, es decir, sin el freno del déficit alimentario que les impide su desarrollo intelectual. Para esta segunda etapa es fundamental que las autoridades del sector Educación tomen en cuenta experiencias vividas a través de colegios como los de Fe y Alegría o la Escuela Normal de Monterrico, instituciones estatales que, al ser administradas por personal ligado a la iglesia Católica han generado procesos educativos muy superiores a la calidad promedio de nuestro sistema público.
Si el próximo gobierno, a partir de las experiencias acumuladas, logra avanzar en programas destinados a la nutrición de niños de los sectores más pobres del país, y si se logra efectuar como complemento una mejora en la calidad educativa del sistema público, habremos avanzado en nuestro desarrollo.
Con trabajadores nutridos y con una educación básica de mejor calidad nos será posible competir exitosamente en el mundo globalizado de hoy, dado que el nivel de aquellos es esencial para la eficiencia productiva.