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editorial
Empresa e integración A mediados de esta semana, representantes de gremios empresariales de los países andinos refirieron con claridad la necesidad urgente de defender el proceso de integración subregional, que ha alcanzado interesantes progresos y avanza aún más a partir de las negociaciones con la Unión Europea (UE) respecto a la suscripción de un tratado de libre comercio entre ambos bloques.
Los empresarios no representan a sus gobiernos, pero constituyen parte importante de toda sociedad y son considerados –por la mayoría de los analistas de estos temas (politólogos)– actores significativos. Por esa razón, sus voces tienen indiscutibles implicancias políticas y ello merece resaltarse en la presente situación, caracterizada por las dificultades políticas que afronta el mencionado proceso.
Resulta evidente para todos los observadores de nuestra realidad que existe un problema generado porque un gobierno de este grupo subregional juzga incompatible la unión andina con la suscripción de tratados de libre comercio con Estados Unidos. Este es el argumento aducido por la máxima autoridad de un país hermano para tomar la determinación de apartarse de la CAN perjudicando no sólo el desarrollo de la integración, sino creando una situación de malestar en plenas tratativas con la UE.
Al igual que lo manifestamos en esta columna en anteriores oportunidades, estamos obligados como sudamericanos democráticos y progresistas a apoyar la unificación no sólo con retórica, sino con acciones concretas. En consecuencia, la cuestión de fondo es si un TLC con Estados Unidos atenta contra el proceso de integración andina o no.
Desde nuestro punto de vista, la respuesta es negativa. Las razones son claras: en la actualidad, vivimos en un orbe globalizado y este tipo de convenios constituye parte esencial de la adaptación a las nuevas realidades internacionales. Es obvio que sería mucho mejor que Estados Unidos negociara con el conjunto de países andinos como lo hace la UE; sin embargo, carece de sentido renunciar a lo posible en nombre de una meta ideal.
La unificación es parte del legado bolivariano. En efecto, el Libertador aspiraba a una América Latina fusionada, para contrapesar el creciente poder del Norte anglosajón, y también, como meta mínima, a la creación de un gobierno federal en las naciones andinas. Fortalecer la integración es recoger la herencia de Bolívar. Es necesario recordar también que dada la época en que vivió el Libertador tenía una perspectiva liberal acerca de la economía, la sociedad y los valores; por tanto, debemos tomar sus ideas sin tergiversaciones.