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EL encuentro NIXON-KENNEDY INFLUENCIÓ EN LA FORMA DE HACER LAS CAMPAÑAS ELECTORALES EN EL MUNDO
La madre de todos los debates (I)
La irrupción de la televisión en la política ha modificado para siempre las campañas electorales. A puertas de un nuevo debate, entre los candidatos Ollanta Humala y Alan García, por la Presidencia de la República, es bueno recordar el papel de dicho evento en la historia política peruana y la real influencia que tiene hoy el debate en la formación de las preferencias de los electores.
El presente informe, que abarca el período 1960-1990, es el primero de una serie dedicada a dicho tema.

La primera confrontación de candidatos peruanos en televisión se produjo entre Bedoya Reyes y Grieve Madge, en 1966

Fabián Vallas T.

Sin debate televisado no existen elecciones competitivas que puedan ser consideradas totalmente “libres y justas”. Ésta es una de las principales conclusiones que podemos obtener al revisar nuestra historia reciente de confrontaciones de propuestas electorales en la era de la televisión, que ciertamente no es tan rica.
Desde el ingreso de la televisión a finales de la década de 1950, nuestros antecedentes sobre los debates electorales en televisión han sido pobres por tres motivos: el primero de ellos fue la interrupción de la democracia por parte de sendos gobiernos militares de Ricardo Pérez Godoy (1963-1964), Nicolás Lindley (1963), Juan Velasco Alvarado (1968-1975) y Francisco Morales Bermúdez (1968-1980). En este último período, sólo se recuerda un debate previo a la convocada Asamblea Constituyente desde un set de televisión.
Un segundo motivo fue el carácter autoritario de algunos regímenes. En ambos gobiernos del ex presidente Alberto Fujimori, 1990-1995 y 1995-2000, –pese a ser producto de elecciones periódicas– nunca se organizó algún debate importante, excepto el protagonizado por el candidato Alberto Andrade y el delfín oficialista, Jaime Yoshiyama.
Ya el mismo Fujimori tuvo que ser presionado para asistir al único debate que aceptó con Mario Vargas Llosa, cuando se levantaba como un defensor contra las políticas del shock económico, de los empleados públicos. Luego de dicho evento, y ya siendo presidente, jamás quiso debatir con un opositor.
La interrupción de la democracia por los militares y los gobiernos civiles autocráticos impidieron la institucionalización del debate en televisión como parte integrante de cualquier campaña electoral.
Por último, el cálculo electoral del que se siente ganador en las elecciones también impidió realizar debates. Éste considera que este evento es una oportunidad del que se encuentra relegado en las encuestas para sacarle puntos al favorito. Esto sucedió en las elecciones presidenciales de 1980, 1985 y en los comicios municipales de 1989 y 1992.

El modelo
La campaña electoral estadounidense entró en una nueva era con el ingreso de la televisión como un medio de comunicación de masas a finales de la década de 1950. Era justamente el tiempo en que aún no se conocía en su real dimensión el impacto que podía originar la televisión en una competencia electoral.
Fue el entonces vicepresidente Richard Nixon quien experimentó en carne propia la tremenda influencia que podía ejercer la televisión en la campaña de 1960 cuando se enfrentó a un joven y desconocido político demócrata, John F. Kennedy.
En cuatro sucesivas presentaciones, un joven, bronceado, fotogénico Kennedy ganó al experimentado Nixon. Estos debates no sólo quedaron en la historia por ser los primeros transmitidos por televisión, sino que demostró la importancia que tiene la imagen en la democracia moderna.
El formato del primer debate realizado en Chicago era de una breve presentación del moderador y luego venían exposiciones de ocho minutos de respuestas a preguntas que provenían de un panel de cuatro periodistas. Al final, los candidatos se estrechaban la mano y el presentador despedía el programa.
Pero, la diferencia no estuvo en el "fuego cruzado" entre los contendores, sino en la imagen que proyectaban ante millones de telespectadores.
Los asesores de Kennedy ya conocían muy bien la importancia de la televisión y escogieron un traje azul que resaltara ante el fondo gris del estudio. Asimismo, la luz caía muy bien a la piel bronceada y resaltaba su cabello castaño. Esto destacaba más su telegenia natural.
Todo lo contrario sucedía con Nixon, quien por la inflamación de una de sus rodillas tenía que tomar antibióticos. No se había tomado el tiempo para afeitarse bien dicho día, por lo que aparecía en la televisión con un rostro lleno de sombras de barba, grandes surcos y ojos cansados.
Algunos periodistas inclusive señalan que los asesores de Kennedy mandaron subir la calefacción para que el maquillaje del candidato republicano comenzara a ceder ante un copioso sudor facial.
Los resultados electorales fueron tan estrechos que muchos responsabilizaron a la pobre imagen proyectada en la presentación televisiva como la causa de la derrota de Nixon y el sonado triunfo del joven Kennedy.
Estudios posteriores también demostraron que el debate sirvió para aumentar el interés en la campaña electoral. El interés de los electores ante los comicios aumentó de 45% a 57% luego de dichos programas televisivos.

La era de la televisión en el Perú
“Del debate, como una forma extraordinaria de personalizar la política, lo que queda en el recuerdo son las puyas personales antes que la calidad de las propuestas presentadas en el mismo.”

La modalidad del debate electoral, por las razones ya indicadas, sólo se pudo desarrollar en ambiente democrático. La primera confrontación entre dos candidatos frente a las cámaras de televisión se produjo el viernes 4 de noviembre de 1966 en la Sala Alzedo. Durante 107 minutos, el ya entonces alcalde de Lima, Luis Bedoya Reyes, se enfrentaba al ingeniero Jorge Grieve Madge. Ambos eran respaldados por la alianza Acción Popular-Democracia Cristiana y APRA-Unión Nacional Odriísta, respectivamente, en su afán de ocupar la alcaldía de Lima.
El diario La Crónica destaca que tanto Bedoya con Grieve llegaron con un gran volumen de gráficos y documentos que muy poco utilizaron en el debate. La presentación de las propuestas fue mediada por el periodista deportivo Rodolfo Espinal a nombre de la presidencial de la Federación de Periodistas del Perú; las clásicas puyas no estuvieron ausentes.
En verdad, ambos habían calentado el debate tras las polémicas declaraciones de Bedoya, que días antes había asegurado que “los técnicos se alquilan”, en alusión a la falta de experiencia política del ingeniero Grieve. Allí se originó en el contexto político peruano una de las discusiones más recurrentes de la ciencia política sobre el político y los técnicos.
En un punto del debate, Bedoya desesperó a Grieve al considerar que los planes de alimentación eran “simples figuritas”. El ingeniero, considerado dentro de los “nueve sabios de la OEA”, replicó de inmediato diciendo: “¡Usted es el que está haciendo aquí figuritas!”. En general, éste fue el tono del encuentro, que también se caracterizó por su alto nivel técnico.
No obstante, para la mayoría del electorado limeño, la agudeza, agilidad del verbo, la mordacidad de Bedoya se impuso sobre la sapiencia de Grieve que se hundía en un cúmulo de datos y cifras que pocos televidentes entendían. Tuvo que reconocer que no tenía “labia”, ni “pico de oro”, pero consideró sus propuestas superiores a las de su rival.
La atención fue tal que la revista Oiga señaló que dicho evento político, transmitido por los canales 4, 5 y 9, superó largamente en interés a otros espectáculos televisivos. Mientras que los diarios reportaron algunos enfrentamientos entre simpatizantes de Acción Popular y el APRA en los alrededores de la avenida La Colmena.

Las municipales
Nuevamente, un gobierno militar nos dejó sin debate electoral, porque simplemente no existían comicios. Pero cuando el gobierno de Morales Bermúdez iba a doblar la esquina, se produce un recordado debate en los set de televisión entre Luis Bedoya del PPC y el democristiano Héctor Cornejo Chávez, a finales de 1977. Este encuentro, realizado en el programa Contacto Directo, dirigido por Alfredo Barnechea, se realizaba en el contexto de las cercanas elecciones para la Asamblea Constituyente. Al día siguiente, la prensa comentaba los “arañazos” y “picotazos” que se dieron ambos en el evento, en alusión a sus sobrenombres políticos de “el gato” y “el tucán”.
En otras oportunidades, aquel que lidera la encuesta evita debatir debido a un cálculo electoral. Fue el caso de las elecciones presidenciales de 1980 y 1985, así como las municipales de 1989 y 1992. Los debates quedaron reducidos a los comicios municipales de 1980, 1983 y 1986, 1996 y 2002. Mientras que la mayoría de confrontaciones pasó rápidamente al olvido, para casi todos los peruanos nos quedó en la memoria la anécdota antes que el contenido.
Muchos recuerdan el ofrecimiento de “un vaso de leche” de Alfonso Barrantes ante sus opositores de turno en 1983, hasta el calzado de Alberto Andrade que llevó en el último debate municipal para demostrar que “él sí se ensucia los zapatos” en los pueblos jóvenes.
En resumen, el debate televisado en el proceso electoral peruano se encontró poco institucionalizado por los motivos ya señalados. Como una forma extraordinaria de personalizar la política, lo que queda en el recuerdo son las puyas personales antes que la calidad de las propuestas presentadas en el mismo.

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Cronología


1960
El debate Nixon-Kennedy abrió una nueva era de la política en la televisión. Por pequeños detalles, Kennedy se impuso.

1966
El encuentro entre Luis Bedoya Reyes
y Jorge Grieve inauguró la era de los
debates políticos. Bedoya mostró sus grandes dotes de polemista.

1977
Encuentro entre Bedoya y Cornejo Chávez, en pleno gobierno militar, hizo recordar qué era democracia.

1983
Richard Amiel, Alfonso Barrantes, Alfredo Barnechea y Alfonso Grados Bertorini tras el sillón municipal. Finalmente, se impuso “el vaso de leche” de Barrantes.

1986
Jorge del Castillo, Luis Bedoya Reyes y Alfonso Barrantes en reñido debate.

1995
Alberto Andrade ganó el debate a un acartonado candidato oficialista Jaime Yoshiyama.

2002
Un criollo Alberto Andrade sucumbió ante el metódico Luis Castañeda.

 
“La interrupción de la democracia por
los militares y los gobiernos civiles autocráticos impidieron la institucionalización
del debate en televisión como parte integrante de cualquier campaña electoral.”
 
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