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| editorial |
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| Reforma
del Estado |
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Se trata de uno de los grandes temas que tienen que estudiarse con la debida seriedad en estos tiempos de transferencia. En efecto, es un asunto de consenso general en la sociedad peruana, tal como se podrá apreciar si analizamos con serenidad las declaraciones de diversos actores políticos al referirse a cuestiones como el volumen de empleados públicos, los sueldos en el interior del aparato estatal y la forma en que el Estado brinda servicios a la sociedad.
En efecto, existe, desde por lo menos dos décadas, la idea de poner en práctica una profunda reforma del Estado destinada a construir una administración pública ordenada, coherente, con un sistema racional de remuneraciones, capaz de premiar la iniciativa y la creatividad, así como de ser competitiva con el sector privado para atraer técnicos eficientes.
Para lograr este objetivo se requiere de una visión integral, mejor dicho, entender que la administración pública necesita de un escalafón y un sistema de ascensos similar al existente en las Fuerzas Armadas, la Policía Nacional del Perú y el cuerpo diplomático, es decir, un sistema jerarquizado de ascensos por méritos y basado en criterios técnicos.
El nivel político deben componerlo congresistas, ministros, viceministros y asesores. De este modo tendremos clara la diferencia entre los niveles técnico y político, con lo que se evitará esa confusión que aún impera en nuestro medio: pretender exigencias técnicas para los cargos políticos y buscar que la presión política interfiera en los niveles técnicos.
De este modo, terminaría uno de los elementos centrales que generan deficiencias: los cambios de todos los funcionarios considerados “de confianza” cada vez que asume el cargo un nuevo ministro, lo que propicia inestabilidad e improvisación. Un segundo cambio es que una jerarquía de esta naturaleza permitiría un sistema salarial más racional que acabaría con las distorsiones que se generaron cuando el régimen de la década pasada buscó eliminar el problema del nivel salarial poco competitivo del Estado introduciendo algunas remuneraciones irracionalmente elevadas. |
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