“La amenaza del terror está cercana debido a la globalización de las redes subversivas, y por la vinculación entre narcotráfico y terrorismo.”
El martes 11 de setiembre de 2001 es recordado como una fecha trágica en el mundo entero. Aquel día, el fanatismo terrorista hizo gala de su extrema crueldad al asesinar a miles de personas inocentes –trabajadores o visitantes de edificios paradigmáticos de la sociedad norteamericana–. Los peruanos podemos comprender mejor que otros habitantes de este continente esa terrible realidad, dado que durante casi tres lustros soportamos un fundamentalismo ateo, cuyo desprecio por las reglas básicas de la humanidad es similar en su brutalidad al que muestran los fanáticos islámicos.
Debido a estas razones, no sólo entendimos la situación de los estadounidenses cuando sufrieron en carne propia la agresión del terrorismo, sino que además nos solidarizamos de modo espontáneo con este pueblo, víctima en aquel momento de una incalificable agresión. Por ello, nos pareció atinada y correcta la primera reacción importante de la administración de Bush: buscar el derrocamiento del régimen Talibán, establecido en Afganistán tras el fin de la ocupación soviética y de la guerra civil que la siguió. Aquel gobierno afgano era no sólo intolerante y antidemocrático, sino que se caracterizaba por perpetrar las más atroces violaciones de derechos humanos. El que la comunidad internacional tolerara su existencia constituyó un error, y, en cierta medida, generó el ataque del 11 de setiembre.
No nos corresponde enjuiciar la política de Estados Unidos en los meses posteriores, pero sí resaltar que nuestro continente no se halla libre de la letal amenaza que comentamos. Las redes subversivas están globalizadas como se mostró en los atentados que sufrió Buenos Aires, y la relación entre narcotráfico y terrorismo debe mantenernos alertas.
Los latinoamericanos tenemos que reflexionar de modo serio y profundo acerca del significado real de la amenaza terrorista, no obstante que la principal vertiente que hoy opera (la fundamentalista islámica) aparece lejana a nuestras costas, pues, todo indica que estos grupos fanáticos y violentos se adaptaron muy bien a la globalización.
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