Cifras de organismos oficiales revelan el crecimiento de atentados
Irak se ha convertido en el laboratorio de operaciones terroristas
Fabián Vallas T.
fvallas@editoraperu.com.pe
Encima de las ruinas de las Torres Gemelas, el presidente George W. Bush lanzó su grito de guerra contra los grupos extremistas islámicos y todos los Estados que lo apoyaban. La herida de los atentados del 11-S estaba fresca y la decisión de acabar contra la amenaza terrorista hasta las últimas consecuencias se volvió prioridad para la primera potencia del mundo. Han pasado cinco años de estos luctuosos sucesos y es tiempo para un sereno balance acerca de la política antiterrorista de Bush. Lamentablemente, la proliferación de atentados de Al Qaeda alrededor del mundo y el aumento de los muertos por terrorismo (ver recuadro) nos dice que la amenaza extremista islámica se está extendiendo.
Lo que comenzó con el pequeño grupo de partidarios de Osama bin Laden, podemos decir que hoy en una amenaza de la que ningún continente se ha podido salvar. Lo que demuestra que la amenaza no sólo es para Estados Unidos y sus aliados, sino que para la comunidad de países democráticos.
Esta amenaza es percibida por la opinión pública estadounidense. Según una encuesta difundida por Gallup el mes pasado, sólo el 36% de los estadounidenses piensan que se está ganando la guerra al terrorismo, contra el 66% que pensaba lo mismo en 2002.
La expansión. Según los datos del Departamento de Estado, Patrones del Terrorismo Global, los atentados terroristas parecían declinar, aunque en forma lenta en el mundo en 2003. Pero el Congreso estadounidense acusó al gobierno de manipular el concepto de terrorismo y las cifras para beneficiar a la imagen de la política de seguridad del gobierno de Bush. Se pedía que se incluyeran en la tabulación no sólo los atentados terroristas internacionales, sino todos los atentados. Las críticas de una manipulación de las cifras fue tal que el Centro Nacional Contra el Terrorismo (CNCT) tuvo que asumir dicha tarea. El informe de 2004 y 2005 presenta datos preocupantes: el terrorismo se ha extendido por el mundo. Dos son las principales razones de dicha expansión. La invasión a Irak y el ingreso de una nueva generación de extremistas islámicos en los cinco continentes.
Guerra de Irak. En su afán de encontrar supuestas armas de destrucción masiva, Bush y sus aliados invadieron Irak sin mayor oposición. No hay duda que Estados Unidos ganó allí las grandes batallas, pero se duda si es que realmente ha ganado la guerra.
El Irak ocupado pasó a convertirse en un campo de entrenamiento para los grupos extremistas islámicos de toda la región árabe. Según el informe de 2005 del CNCT, más de un tercio de los atentados se cometieron en Irak y la mitad de los muertos por atentado provienen de dicho país.
Nueva generación. Pero, al mismo tiempo, Al Qaeda ha experimentado una transformación silenciosa. Quedan pocos de la primera generación de muyaidines o “yihadistas” que lucharon al lado de Osama bin Laden para dar paso a un nuevo tipo de militante: el educado militante que vive o conserva la nacionalidad de un país europeo.
Tal como se apreció en los atentados de Londres y Madrid, los jóvenes de padres paquistaníes o de un país árabe, pese a ser educado en colegios occidentales, terminan abrazando a Al Qaeda. Buscan destruir el país que acogió a sus padres y los vio nacer. ¿Cómo explicar dicho fenómeno? Estos “yihadistas” tienen un problema de identidad. No son paquistaníes o saudíes, pero tampoco son ingleses o españoles. Se sienten discriminados y marginados por su propio país. El resentimiento social es parte de su identidad. Cinco años. En defensa del gobierno de Washington, se podría decir que se ha evitado otro atentado en territorio estadounidense y que Saddam Hussein se encuentra en la cárcel, aunque el escurridizo Osama bin Laden continúa libre, como nos recuerda los videos de Al Jazira. El presidente Bush dará un mensaje a la nación hoy para defender los logros de su política antiterrorista y los neoyorkinos prefieren olvidar las amenazas y hablar del nuevo complejo del World Trade Center (ver infografía) que debe estar antes de fines del 2012. El 11-S debe hacernos recordar que el problema del terrorismo le compete a toda la comunidad democrática.
¿QUé pasó? investigadores ofrecen peculiares interpretaciones
Teorías de conspiración
- Polémicos escritores ensayan tres tipos
de explicaciones
“Todo gran crimen tiene una teoría de conspiración”. Esta premisa es hoy una realidad cuando el mundo recuerda los atentados del 11-S. En la historia siempre han existido las teorías de conspiración. Del asesinato de John F. Kennedy, de las muertes de la princesa Diana y de Marilyn Monroe se ha dicho de todo. Y muchos autores han ganado bastante dinero al convertir sus polémicas teorías en reales best-sellers.
Los atentados del 11-S no han sido la excepción y los investigadores elaboran controvertidas explicaciones acerca de lo qué y por qué sucedió aquella mañana del 11 de setiembre. La única verdad tangible es que 2,978 personas murieron en cuatro ataques terroristas con aviones comerciales.
En general, existen tres tipos de teorías conspirativas con una indeterminada cantidad de variantes.
Fue el gobierno
Steven Jones, profesor de física de la Univeridad de Brigham Young, es más explícito al afirmar que en las torres se encontró restos de termita, una mezcla de óxido de hierro en polvo y aluminio capaz de generar altas temperaturas. Este producto se utiliza en las bombas incendiarias.
El especialista Kevin Ryan, de la empresa Underwrites Laboratories, asegura que no es posible que el acero se haya ablandado con el calor del incendio, como indica la versión oficial. El fuego para fundir el acero es de 1,538 grados, 538 grados más del fuego generado por los aviones.
Una variante de esta tesis es la conocida investigación de Thierry Meyssan, quien en su libro La gran impostura asegura que fue un misil y no un avión lo que se estrelló en el Pentágono. Abona a su teoría la carencia de una imagen de las cámaras del atentado y que el hueco realizado en las paredes del Pentágono son muy pequeñas para un avión de largas alas.
Washington lo sabía
El fiscal David Shippers, conocido por participar en el caso Clinton-Lewisky, aseguró que días antes del 11-S, un grupo de funcionarios del FBI le contó lo que iba a suceder con fecha y lugares y que estaban amenazados por sus superiores si daban detalles. En verdad, los principales organismos de seguridad tenían información acerca de un “ataque inminente” en territorio estadounidense, pero no tenían pistas del dónde y cuándo.
¿Por qué quería el gobierno derribar las torres? La respuesta de los autores son diversas: se requería mayor presupuesto para el sector defensa. Otros enfatizan en que se necesitaba una excusa para enviar las tropas a Irak y derrocar a Hussein. Una variante es la de Miguel Pedrero, quien en su libro, Corrupción, las Cábalas del Poder plantea que EE UU tenía que invadir Afganistán para quitarle la concesión a China en la construcción del oleoducto que va a pasar por dicho país y la ex URSS. Mientras que otros consideran que Washington necesitaba un hecho de esta naturaleza para justificar el espionaje a sus ciudadanos.
Fue una farsa
El periodista alemán Mathias Bröckers, en su libro Conspiraciones, Teorías Conspirativas y los Secretos del 11-S, asegura que los pilotos suicidas están vivos. Esta tesis lo ha catapultado al estrellato al vender más de 100 mil libros. Su colega Gerhard Wisnewski afirma que las torres fueron derribadas con explosivos.
Finalmente, ¿por qué siempre estamos buscando una teoría de conspiración? Tal vez, la mejor respuesta sea la del profesor de comunicación Rudolf Stoeber, de la Univeridad de Bamberg, quien asegura que los seres humanos buscamos de un acto tan irracional, una explicación racional.
Tal vez, el mayor problema no sea la elaboración de teorías conspirativas por los investigadores, sino que, como lo comprobó la Universidad de Ohio, un tercio de los estadounidenses piensan que el gobierno de Washington sabía o dejó que pasara los atentados terroristas de aquella mañana del 11-S.
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