JUAN RIVERA SAAVEDRA, escritor creativo
El hombre del eterno punto seguido
Es dramaturgo, pintor novelista, cuentista, dibujante y músico
Pionero del teatro del absurdo habla de ciencia ficción y otros tópicos
JOSÉ VADILLO VILA
jvadillo@editoraperu.com.pe
El hombre que no podía dejar de escribir recrimina al periodista por haber llegado tarde a la cita: “¡Usted me ha hecho perder varias obras!”. A él –Juan Rivera Saavedra– le bastan cinco minutos para esbozar una obra y se le han ido seis por el tacho.
Lleva publicados 180 libros. Es consciente del peso de los años y que cada día lo atacan por lo menos dos nuevos proyectos. Ahora trabaja un volumen con unas 142 síntesis de obras –cuentos, novelas y obras de teatro, guiones– que no podrá escribir. Se le ha ocurrido una obra sobre un planeta donde moran las ideas que no nos sirven.
(También ha escrito ciencia ficción, género que ama y practica desde los tiempos en que descubrió los submarinos y cohetes de Julio Verne. Dice: “Son pocos los que la han desarrollado, y no se les da publicidad: Alejandro Romualdo y Juan Ríos lo hicieron y pocos lo saben. Es que a los peruanos sólo les interesa lo que viene de afuera, no nos valoramos”, se lamenta).
En la casa del hombre que no podía dejar de escribir están todos los cuadernos que escribe desde 1940. Son apuntes de ideas que hace mientras está en el ómnibus o sentado en un café. Al conocer su colosal legado, una universidad estadounidense lo catalogó en 2006 como “el escritor más prolífico y distinguido de América Latina”. Y eso que sólo llevó a Dallas, Texas, 38 de sus obras.
Para lograr tanta prolijidad a sus casi 77 años de edad, el hombre que no podía dejar de escribir es ordenado en extremo. Empero, no tiene hora fija para la escritura en sí porque más se dedica a la “observación profesional”. Es un mirón, actividad que nutre su inagotable talento. También sabe ver el aura de las personas, no ve televisión y le dan risa los políticos porque sólo se preocupan en los problemas superficiales.
Se autodefine como escritor profesional y no está interesado en la fama (que la gana cualquiera); tal vez sí en ser célebre, aunque a Cristo le costó la cruz.
Su método de escritura es sencillo. Cuando se cansa de escribir una obra de teatro, prrrr, se sienta a escribir un cuento, prrrr, se cansa, prrrr, escucha música, prrrr, lava sus plantas, prrrr, cocina. Dice que la sazón de la buena cocina y la escritura coinciden en que tú puedes dar la receta a cualquiera, pero el platillo sólo saldrá exquisito a quien pone amor y pasión.
El hombre que no podía dejar de escribir empezó en el oficio en 1948. También fue músico y editó cuatro discos en Argentina. Inclusive conoció hasta en tres ocasiones la censura, aunque nunca nadie le ha hecho una entrevista política.
Tiene sus propias razones por las cuales se le conoce muy poco fuera de los círculos intelectuales: a) la falta de educación de la población; b) los agregados culturales de las embajadas casi nunca son las personas idóneas para promover a los artistas peruanos; c) los escritores más promocionados son por efecto del marketing, no necesariamente son “los más representativos” del país.
El hombre que no podía dejar de escribir me dice que sueña con un día abrir el periódico y encontrarse sólo con noticias positivas. Sobre todo, asegura que “si no escribiera, me muero”. Mira su reloj, tiene ganas de escribir. Da por concluida la entrevista.
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