Sensaciones. La propuesta de este restaurante apunta a transmitir emociones a sus comensales
Lúdico sabor
Combinan insumos locales con propuestas foráneas.
Las porciones son abundantes sin colisionar con la presentación.
Cecilia Fernández Sívori
mfernandez@editoraperu.com.pe
“Aquí vendemos sensaciones”, nos dice de primera impresión Andrés Zúñiga, propietario y anfitrión por excelencia del Fallen Ángel, punto gastronómico enclavado en pleno corazón de la Plazoleta Nazarenas; donde los aromas cobran vida celestial con su toque de diablura en ciertos platos que nos remontan a las mismísimas puertas del averno por sus candentes sensaciones.
Así conviven en la lúdica carta ensaladas andinas con lomos al oporto, que son bien recibidos por los comensales que apetecen vivir a través de los sabores.
La cocina es de por sí un punto donde confluyen los artistas del fogón, presentando interesantes propuestas que capturan un poco de cada estilo. Todo esto sumado a la clave de la abundancia, es decir, aquí, a diferencia de otros locales, no se juega a la comidita, se recibe y degusta generosas porciones que el comensal agradece.
Los precios son bastante razonables para todo el entorno que se recibe –del cual nos ocuparemos en otra edición– y concluye uno que su elección está bien dada.
En esta oportunidad, les presentamos una ensalada andina que consta de quinua roja orgánica –que muy poco se ve en Lima– la cual es deliciosa, confieso que no era de mis favoritas, pero al saborearla cambié de parecer. Está coronada con habas tibias, queso serrano, tomates y zanahorias. Suave y nutritiva, se deja comer tranquilamente, y como acompañamiento para un plato de fondo resulta oportuna.
El lomo al oporto y vinagre balsámico lo sirvieron a punto de miel, las papas que fueron su guarnición no desentonaron, incluso en presentación estética saca 20 por su buena disposición.
Cosa seria sí representa el lomo al rocoto picoso. Si cree que ha comido ají en su vida, se equivoca. Sobrepasa los límites, pero finalmente, cuando uno podría pensar que este plato no va con uno, el picante va bajando poco a poco, quien sabe a consecuencia de la mermelada de rocoto, que le aporta cantidad necesaria de dulce. Al parecer, este es un plato difícil, ya que según confiesan es muy difícil alcanzar el tono rojo averno que uniformizaría su presentación.
Pero no sólo de lomo vive el hombre, otras opciones las constituyen los champigñones con picante de quinua al queso y nueces, bautizado como el hongo salvaje, esta delicada presentación da en el clavo. Las causitas tibias con tártara y trucha también tienen lo suyo como excelente entrada que bien podría pasar como segundo plato. Todo esto coronado con un trago rojísimo, al que convenientemente se le ha bautizado como “Diablo”. La mesa está servida, sólo les deseamos buen apetito.
Público cosmopolita recibe con agrado la propuesta de Fallen Ángel.
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