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ISSN: 1817-2423
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Giancarlo Stagnaro
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Director:
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 > ENSAYO
 
Ch’uqikiraw[1]: más que el perfil de la llama / vicuña
La forma de una construcción guarda siempre una relación ideológica con su tiempo.
Las ruinas de Ch’uqikiraw (Choquequirao) nos muestran un sincretismo de estilos arquitectónicos, cuyo fin era comunicarse con lo divino.


            Parecía increíble al principio. Pero después, pensándolo bien y relacionándolo con el pasado remoto, era no sólo coherente, sino también esperable. ¿Cómo no lo vimos antes? Estábamos observando el edificio y no el recinto ceremonial. Sí, los complejos urbanos, en sociedades andinas teocráticas como la inca o la Wari-Tiwanaku, forman un dibujo en el terreno. Unas tienen forma de felino: Cusco, Quito, Cuenca (Milla, 1992 y Lozano, 1996); otras tienen forma de camélido: Chao, Paramonga (Milla, 1992), y ahora Ch’uqikiraw en la Región Cusco.
El primero en aseverar esto fue el arqueo-arquitecto Carlos Milla Villena, en su libro Génesis de la cultura andina. Se atrevió a afirmar algo absolutamente original tanto para la arquitectura como para la arqueología andina: hay que relacionarlas con la astronomía [2]. Milla empezaba diciendo que estas “fortalezas” eran templos, y que estaban rodeadas por murallas porque ese contorno contribuía a darle la forma que era observable –detalle importante– sólo desde arriba, como las líneas de Nasca.
Para aceptar esto con simpatía, tenemos que imaginar, primero, un mundo sin luz eléctrica. Es decir, un mundo en que la noche es oscura, un mundo en que resalta lo que brilla en el cielo. Además, hay que concebir una cultura acostumbrada a mirar hacia arriba con unción, ya que ve en ese cielo un orden y una guía. Para que el cielo “diga” algo, hay que estudiarlo primero, porque todo lo que pasa en el cielo afecta a la tierra decisivamente.
Además, los de la tierra tienen que realizar algunas actividades en reciprocidad, para que el efecto inverso (de la tierra sobre los cielos) sea beneficioso. Al parecer, las antiguas culturas teocráticas han considerado que la reproducción en la tierra de lo que ven en el cielo, como si lo reflejara un espejo [3], es una forma de “acusar recibo” de los mensajes celestes, de entrar en comunicación y simpatía con el Ordenador de todo ese movimiento regulado, que también deja espacios para lo inesperado o inusual.

Astronomía gravitante

Fuentes españolas tempranas (siglo XVI) y el posterior documento indígena de Waruchiri (siglo XVII) informan sobre la importancia que le daban los antiguos (preincaicos) a ciertas estrellas y a los siete planetas observables sin la ayuda de instrumentos. Describen también varias combinaciones o figuras o constelaciones brillantes u oscuras. La cultura Wari o Tiwanaku, primero, y la Inca, después, le dieron mucha importancia a la Vía Láctea –Laccampu hauira, “río celeste” en aimara; Chaska Mayu, “río de estrellas” en quechua– que se observa desde la Tierra como una banda blanquecina, por la cantidad de cuerpos brillantes que la forman. En el hemisferio sur, se observa que esta banda cruza el cielo de noreste a suroeste y después en el sentido inverso, dibujando una “equis” en su recorrido. Este río de estrellas no se ve como una franja continua o sólida. Más bien, posee espacios “vacíos”, oscuros, que se observan como manchas o aberturas al firmamento. Los miembros de la cultura Wari, por ejemplo, vieron formas en esos espacios oscuros. Una de las más importantes es la llama, vicuña, “cordero” negro o “Yacana [4]”; también se observa una perdiz, “Yutu”; un sapo, “Hampatu”; una laguna, “Quta”, un hombre con los brazos levantados, todas ellas “detrás” de la Cruz del Sur, que es una constelación brillante [5]. Como vemos, estas culturas antiguas no sólo observaban al Sol; también tuvieron un interés particular en el cielo nocturno, en las imágenes estelares y en la Luna.
La figura oscura en la Vía Láctea que nos ocupa ahora es la de la llama (según los quechuas), “que los aimaras llamaron Wari [6] que significa vicuña” (Tejeiro, citado en Milla 1992:31). Así la describe el documento de Waruchiri:
“[Vamos a contar] cómo [una constelación] llamada Yacana baja del cielo para beber agua; hablaremos también de las otras constelaciones indicando el nombre de cada una de ellas. La [constelación] que llamamos Yacana, el camac de las llamas, camina por medio del cielo. Nosotros, los hombres, la vemos cuando llega toda negra. / Se dice que / la Yacana anda en medio de un río. Es de veras muy grande. Viene por el cielo poniéndose cada vez más negra. Tiene dos ojos y un cuello muy largo.” (Taylor, 1987:425).


Presencia estelar

Se refiere una combinación de figuras oscuras con presencia estelar: las estrellas Alfa y Beta Centauro [7] (en código occidental) forman sus ojos. Los quechuas las llaman hasta hoy Llamap Ñawin, los ojos de la llama. La llama o vicuña oscura está de costado, como echada; tiene un cuello muy largo, como cuando lo estira para beber, o como cuando la jalan. En la parte inferior, cerca de sus patas, una cría está también bebiendo, pero de su leche. Es de notar que es sólo el contraste entre claro y oscuro, entre blanquecino y azul profundo, lo que le da la forma a lo que estoy describiendo. No tiene contornos que la definan, sólo un cambio de color la configura. Para representar la llama celeste en la tierra se utiliza, en el caso de Paramonga, muros que la definan, que separen la imagen “sagrada” del terreno “profano”.
“El templo original estaba conformado por un juego de plataformas limpias [8] que se diseñaron con criterio astronómico para que sus aristas estuviesen alineadas con determinadas posiciones estelares, lunares y estacionales... / En la forma del templo de Paramonga, además de haberse satisfecho la función astronómica, también la función ritual está claramente presente en el perfil del Llama Ñawi, o llama sagrada, que corresponde con el perfil del templo si se mira la foto aérea desde el frente sur...” (Milla, 1992:222).

Barrancos y precipicios

Otro sitio importante que también representa a la llama o vicuña es el que se conoce como Ch’uqikiraw (Cortez, 2005). Allí, lo que marca el límite de la figura es la profundidad del abismo, tal como en el cielo lo es el infinito. El Informe Arqueológico Final de Choquequirao lo describe así: “[el sitio] de Choquequirao está asentado en las faldas del cerro Choquequirao, que es uno de los macizos erógenos a manera de prolongación del nevado Yanama. Presenta relieve sinuoso y pendientes escarpadas.” (Paz y Aiccacontor, 2003:9). Añade: “El espacio que ocupa... corresponde a la parte media del cerro Choquequirao, por encima de una falla geológica que se presenta de este a oeste en el lado sur...” (Paz y Aiccacontor, 2003: 10). Además, “[ocupa] una elevación montañosa de 3100 msnm, que emerge imponente en un meandro del río Apurímac y permite observar el profundo cañón formado en dirección de este a oeste...” (Zapata, 2005:95). Añade: “La circulación de agua por... el santuario de Choquequirao se origina en los puquios del... Coyrihuaychina.” (Zapata, 2005:115).
Al observar las fotografías del bello folleto sobre Chuqik’iraw publicado por la Fundación Telefónica en 2001, se aprecia que los contornos del cuerpo de la llama están constituidos por barrancos y precipicios que han sido todos terraceados. Lo que se puede ver ahora es una impresionante colección de 15 andenes en la ladera este. Sus muros de contención ostentan 22 representaciones de vicuñas en piedra blanca; una de ellas tiene a su cría (Karp de Toledo, 2005) y todas miran hacia el nor-oeste. También hay diseños de zigzag y antropomorfos, como en un mosaico, similares a los de Chachapoyas.
La cresta de cumbres que une los dos espacios con construcciones, el de la cabeza y el del abdomen, ha sido aplanada para poder transitar sobre ella pero, sobre todo, para que adquiera la forma del cuello de la llama. En palabras de Lumbreras: “... frente a una plaza rectangular flanqueada por dos laderas de gran pendiente que forman una suerte de cuello de unión entre la colina (lo que yo llamo ‘el abdomen’) y la ciudadela (lo que yo llamo ‘la cabeza’.” (2001:20). La longitud de su cuello es uno de los rasgos saltantes de la imagen oscura que se percibe en el cielo. Se dice que está así, con el cuello estirado, porque de noche (la llama del cielo) toma el agua del mar, que de otra manera se desbordaría. El documento de Waruchiri dice: “A media noche, sin que nadie lo sepa, esta Yacana bebe toda el agua del mar” (1987:429).
La relación de la llama celestial con el agua es interesante, pues en el sitio de Ch’uqikiraw: “... asociados a una fuente hecha con losas de piedra, a modo de baño, que está en el recinto del extremo sur y que se alimenta de agua mediante una fina acequia que conduce el líquido desde la parte alta de la ciudadela...” (Lumbreras, 2001:23). Este es un aspecto que merece más atención y estudio [9]. Milla describe un “Tejido Paracas que representa al Sapo (Constelación de Mosca) conduciendo a la llama madre o Llama Ñawin ... para que beba en la Laguna negra o Chchiar Qota (Saco de Carbón), que es la nebulosa negra al pie de la Cruz del Sur.” (1992:32). El Documento de Waruchiri dice: “A media noche, sin que nadie lo sepa, esta Yacana bebe toda el agua del mar.” (1987:429). Esta laguna oscura en el cielo está delante de la Llama, antes de la Cruz. Es muy probable que las ceremonias incluyeran la circulación de agua y que ésta cumpliera un rol importante de dar de beber a la llama o vicuña y a su cría.

Mundos celestiales y terrenales

Lo que no se aprecia con claridad, tanto en el cielo como en el terreno, son sus patas. Entre ellas está su cría, que tampoco se puede apreciar aún en los restos arqueológicos intervenidos. Los ojos de la Llama, en el terreno, están señalados por dos construcciones techadas, como dos habitaciones cerradas. La llamas celestial y la terrenal coinciden cuando la primera está en el cenit, en mayo. Era la ocasión de la máxima celebración. Sucede lo mismo con la llamada Cruz del Sur, que siempre se ve inclinada, excepto en ese mes, que queda horizontal sobre la Tierra [10].
Sobre la fecha de construcción y estilo de este recinto, comenta un miembro de la misión francesa que estudia el sitio: “... el material cerámico recuperado en estas excavaciones [del sector 9, que sería uno de los más antiguos] permitió identificar cuatro fases de ocupación: tres preíncas y una Inca Clásica” (Lecoq, 2005:89). Una de las culturas preíncas sería la de Wari (500- 1,000 años d.C.). Por ello, Lumbreras informa de datos contradictorios hallados en el sitio: “De otro lado, está el hecho de que... no se usaron los materiales usuales que empleaban los cusqueños para sus palacios y templos. Esos eran construidos con sillares bien tallados, que en más de un caso mandaban llevar desde lugares muy lejanos, cuando la materia prima era ausente. Aquí los materiales de construcción son locales y no hay sillería.” (Lumbreras, 2001:31-32). Además, “los paramentos de los edificios estaban cubiertos con estuco de barro y pintados” (Lumbreras, 2001:32), que no es una característica de las construcciones incas. Lumbreras resalta el parecido de las técnicas constructivas de los edificios de Ch’uqikiraw con las de Chachapoyas.
Las dificultades para su identificación arqueológico-cultural se deben a que se trata de un estilo superpuesto en otro, de una construcción inca sobre un recinto Killke [11] y sobre uno Wari (Lecoq, 2005:89), como en el caso de Paramonga. Carlos Milla explica las razones de esta superposición en Paramonga: “Después de la ‘revolución religiosa’ que instaura el llamado Imperio Incaico, promovida por los astrónomos que hacían las observaciones solares, con el fin de desplazar a los astrónomos que dirigían el culto mediante las observaciones estelares, sucedió que todos los observatorios astronómicos estelares fueron abandonados o fueron reformados” (Milla, 1992:225). Confirmando el cambio súbito de ideología, Lumbreras afirma: “Finalmente, debe mencionarse que Choqequirau dé la sensación de haber sido un centro urbano inconcluso, parte de un gran proyecto que quedó sin terminar” (Lumbreras, 2001:32). Zapata es de la misma opinión: “Al ser abandonados, estos recintos fueron incendiados...” (2005:121).
Uno en la Costa norte y otros en la Costa [12] y Sierra sur son los tres restos arqueológicos zoomorfos que se ha identificado hasta ahora. El lugar en que se encuentran los de Ch’uqikiraw es uno de los más “cercanos al cielo”. Los arqueólogos destacan las vistas maravillosas que se aprecian desde sus puntos más altos, pero siguen olvidándose de mirar al cielo, y no solamente a la tierra. La arquitectura zoomorfa está allí por su correlación espacial con la Vía Láctea, por la configuración orográfica del sitio seleccionado y por la facilidad que brindaba a sus astrónomos de escudriñar el cielo en movimiento constante. Ha sido un lugar de observación sagrada astronómica, de ritual celeste terrenal, el que se reservaba para quienes contaban y medían: los sacerdotes-sacerdotisas astrónomos. Era un lugar sagrado para, por lo menos, dos culturas que consideraban importante que la tierra y el cielo tuvieran figuras semejantes; que la tierra, como un espejo, reflejara las figuras estelares invertidas.


> Lydia Fossa
Historiadora. Su último libro es Narrativas problemáticas. Los incas bajo la dominación española (2006).

NOTAS

[1] “Chuqik’iraw, constituido por un lexema aimara [chuqi: oro, precioso], que se impuso en el quechua sureño, y otro quechua [k’iraw: cuna]. Significa literalmente “la cuna del oro.” También puede ser interpretada como “cuna preciosa” (Cortez, 2005:9-10). Cabe añadir que este nombre es el de un cerro cercano y, por extensión, se le ha aplicado a todo el complejo. Se ignora cómo se llamó el santuario en la antigüedad.
[2] “Si queremos explicar la forma arquitectónica andina tendremos que encontrar la función astronómica contenida en ella.” (Milla, 1992:21)
[3] “... la mítica Llama Sagrada ubicada en la Vía Láctea avanzaba en el firmamento nocturno de noreste al suroeste, pero que si la proyectamos sobre la tierra, esta orientación se invierte” (Milla, 1992:225)
[4] “Yacana. Moço.” (Bertonio, II 1879:389)
[5] Sabemos que los antiguos habitantes de la costa norte peruana representaron en la tierra la Cruz del Sur en lo que hoy conocemos como Chao. Son cuatro montículos que sólo pueden apreciarse desde el aire formando la cruz; “Pero el antiguo nombre de esta constelación no fue la Cruz, sino parece que la llamaron Gamo o nombre de un pez” (Tejeiro, citado por Milla, 1992:31). Esa constelación siempre aparece en el cielo austral y marca la dirección sur, así como la estrella Polar señala el norte.
[6] “Huari vicuña: Animal salvaje” (Bertonio, II 1879:151)
[7] “Alfa y Beta Centauro, las guías, son dos de las estrellas más brillantes del firmamento y por esto, dentro de la cosmogonía y la tradición andina, tienen gran importancia... además de que la salida y puesta heliacas de estas dos estrellas sirven también para calcular exactamente la posición del Polo Sur geográfico” (Milla, 1992: 31)
[8] “Otro punto importante del análisis es el aspecto estilístico y constructivo. Si observamos los recintos de la plataforma superior, que son incas indudablemente, vemos que no guardan unidad con el contexto del conjunto, ni por su forma, ni por la técnica constructiva empleada. Es notorio que esta sección fue añadida a la estructura original y nuestro colega, el arquitecto Emilio Harth Terré, la tomó como tema de una interesante investigación, que dio como resultado la tesis de que estos recintos superiores fueron construidos por los incas para cumplir la función de observatorio astronómico para determinar los solsticios (Harth Terré, 1963 y 1977...) (Milla, 1992:219)
[9] “La Universidad de Sucre publicó en 1950 un estudio sobre las constelaciones Negras Americanas, trabajo en que se muestra interesantes croquis estelares en los cuales se describen las nebulosas negras similares al Saco de Carbón, que parecen tomar la figura de llamas en relación con la Portada de Tiwanaku y las tradiciones locales.” (Milla, 1992:31)
[10] “A principios del año, en el Hemisferio Austral, la cruz brilla en el crepúsculo al sur-este, descansando sobre su costado; en mayo ya está erguida en el firmamento vespertino; en agosto aparece inclinada al suroeste.” (Bickel, citado por Milla, 1992:30).
[11] “Después de Wari, la región redimensionó su potencial y creció, primero con la cultura Killke y con la Inca después. De la época Wari procede la ciudad de Pikillacta, y de tiempos Killke la propia Sacsayhuamán y los fundamentos de la ciudad del Cusco” (http://www.peru.com/PeruInfo/info_dptos/cuzco/cu_hist.htm).
[12] “En Cerro Baúl, Moquegua, se da la misma tecnología de los grandes geoglifos en laderas inclinadas empleando el simbolismo del Llama Ñawi” (Milla, 1992:146).

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