A favor de los que sobran
(David Roca)
¿Qué han hecho los gobiernos por
nuestras culturas? La respuesta en muchos casos desoladora, hoy podría
señalar un rumbo más óptimo. Lo importante de la
propuesta de Eliane Karp es que las políticas culturales que
intenta implementar son explícitas. Están impresas en
blanco y negro y nos permiten discutirlas.
Para todos aquellos que se atreven a mirarse
en el espejo, a quererse y a sonreír hacia el futuro, dice
en un elocuente párrafo de la dedicatoria de su libro Hacia una
nueva nación. Kay Pachamanta, la antropóloga Eliane Karp,
a la sazón esposa del Presidente de la República.
En esta recopilación o suma de discursos y
proyectos de ley hace gala de su compromiso sapiente y militante en
un tema por demás incomprendido y que recién hoy deviene
en capítulo preferente de la política del Estado peruano.
Es decir, los derechos de las comunidades originarias
andina, amazónica y afroperuana. Este acercamiento es desde la
voz de los interesados y desde una comprensión realista acerca
de la importancia de reintroducir la cosmovisión de los pueblos
marginados.
Apuesta difícil. Karp es consciente
de ello y en pleno Congreso de la Conferencia Permanente de los Pueblos
Indígenas adonde difícilmente habría asistido
otro modelo de Primera Dama dice: Yo sé que en cinco
años no podemos deshacer 500 años de dolor, discriminación
e injusticia. Va a ser largo, va a ser difícil. Pero si empezamos
hoy día, ya hemos hecho algo, algo grande.
Pues de eso se trata. De reivindicar el lugar que
merecen cuatro millones de peruanos, con sus costumbres, su visión
del mundo, la defensa de la diversidad biológica estrechamente
ligada a la revaloración de las culturas originarias, la lucha
contra la pobreza, la adopción sin imposiciones de la modernidad
y la globalización hasta ahora impuestas, en la práctica,
por la fuerza.
Además hay una revaloración de un ancestral
concepto de comunidad, asombrosamente moderno para un mundo preocupado
por su sostenibilidad, para redibujar el rostro del Perú
en el interior de un modelo de desarrollo incluyente que
tenga como ejes centrales la interculturalidad y la territorialidad.
Reducir al tema de la posesión de la tierra
la problemática de los pueblos indígenas fue un primer
esfuerzo, meritorio, que los intelectuales más avanzados de las
primeras décadas del siglo XX hicieron para desbrozar la espesa
mata que separaba la república oficial de la república
de los indios, herencia de la Colonia y de los primeros gobernantes
posteriores a la independencia.
Influidos por el positivismo liberal y el positivismo
marxista el tema quedó reducido a un debate político,
en efecto, pero en torno a problemas de derecho de propiedad.
Karp tiene una visión integradora, la que se
plasma en diversas iniciativas, que sólo pueden parecer subversivas
a quienes sostienen el racismo cotidiano junto a un sentido común
que mira, como siempre, hacia el lado equivocado de Occidente.
Sin embargo, cabría observar que la complejidad
que representa la situación de millones de peruanos, en extrema
pobreza la mayoría, y que han emigrado del campo a la ciudad,
no parece haber sido considerada en ninguno de los textos que componen
el libro.
Ellos y, sobre todo sus hijos, se encuentran en un
limbo lingüístico, cultural y de identidad. ¿Son,
por su visión del mundo, habitantes originarios o no lo son?
¿Son acaso, plenamente, gente de la ciudad?
¿Su situación compete a la Comisión Nacional de
los Pueblos Andinos, Amazónicos y Afroperuanos? Si acaso así
fuera, ¿de qué manera? Si no es así, ¿le
compete particularmente a alguna otra instancia en particular? Y si
así fuera, ¿cuál?
País complejo el nuestro que, a pesar de valiosos
aportes, nos deja siempre preguntas abiertas. País problemático
que, queda claro, no se resuelve a partir de normas que formen el corto
plazo y el simple sentido común, sino que exige que las mentes
más lúcidas naveguen incluso a contracorriente de intereses
cortoplacistas, para armonizar un futuro de bienestar.
Libro de lectura obligatoria, Hacia una nueva nación.
Kay Pachamanta es un referente importante para entender el verdadero
alcance de una influyente presencia en el Gobierno y la trascendencia
de cuanto sustenta tal presencia. Pero, además, queda claro que
la señora Karp de Toledo sabe muy bien de lo que habla.