Dos cartas inéditas de Julio Ramón
(Angel Esteban)
Mucho se ha insistido en la indiferencia de
Julio Ramón Ribeyro por el destino de sus libros en el mercado
editorial. Interpretación, por cierto, que el propio escritor
se encargó de alimentar como un misticismo personal. Esta indiferencia,
sin embargo, deberá replantearse a la luz de las presentes misivas.
La difusión de la obra del gran cuentista peruano
en España es todavía una batalla que algunos lidiamos.
Pero esa guerra empezó hace muchos años y fue el propio
Julio Ramón quien la desató. No creo que sea objetiva
la imagen que a veces se difunde de Ribeyro acerca del poco interés
que mostraba en la difusión de su trabajo literario.
Las constantes cartas a su hermano, Juan Antonio,
desde Europa evidencian los esfuerzos que los dos hicieron durante años
para la edición de toda la obra a ambos lados del Atlántico
y por la introducción de su creación narrativa en otros
ámbitos diferentes al hispánico, a través de las
traducciones.
La obra de Ribeyro en España comenzó
a publicarse sobre todo a partir del decenio de 1970, cuando se difundió
tímidamente la edición de Los geniecillos dominicales
por la editorial Círculo de Lectores. Luego
llegarían las Prosas apátridas en Tusquets (1975), y más
tarde el resto de las novelas y una selección de relatos cortos.
En este sentido, la década de 1990 fue muy
fructífera, pues a la publicación que prologara Bryce
de algunos cuentos en Tusquets se unió la edición magnífica
de Alfaguara en 1994 de los cuentos completos, y las posteriores (1998)
de Cátedra y Austral, con buenas selecciones y mejores prólogos.
Una de las personas que más contribuyó,
en una primera etapa, a la difusión de la personalidad literaria
de Ribeyro fue Carlos Meneses, Coco para los amigos; Coco,
por tanto, para Julio Ramón. Meneses conoció a Julio en
plena juventud, pues vivían en Miraflores y pertenecían
al mismo grupo de amigos, casi todos ellos interesados por la literatura
y el arte.
Más tarde, coincidieron una temporada en París,
hasta que Coco se instaló en España, donde
todavía reside. Ya en 1969, Julio escribía a su amigo
(carta del 13 de mayo) con el deseo de ir a verlo a Mallorca. A Julio
le gustaba pasar temporadas en España, después de aquella
primera larga estancia a mitad del decenio de 1950. Y lo hacía
cuando podía, es decir, cuando algún amigo lo acogía,
junto con Alida y Julito, para pasar algún tiempo vacacional.
Por ejemplo, con Emilio Rodríguez Larraín
en Llantsá, en Carboneras, entre otros. Pero los planes mallorquines
se truncaban: Querido Coco escribe Julio Ramón:
parece estar escrito que nunca viajaremos a Mallorca. Cuando ya nos
aprestábamos a responderte que reservaras la habitación
en El Arenal, llegó cable de Lima confirmándole a Alida
que tiene un pasaje en APSA para el Perú. (...) de este modo
nuestro viaje mallorquino queda anulado. Tal vez el próximo año...
En una carta del 10 de abril de 1975 (que, como ésta,
ha sido gentilmente facilitada por Carlos Meneses), Julio Ramón
contesta a Coco acerca de asuntos estrictamente editoriales.
Por aquellas fechas, Milla Batres publicaba por entero la obra ribeyriana
en español, pero ya se habían hecho muchas gestiones para
conseguir ediciones peninsulares. Es la época en que se editan
las Prosas apátridas, que tuvieron una escasa repercusión
en España, no obstante contar con una editorial de prestigio
y difusión: Tusquets. Reproducimos a continuación
el texto íntegro de la carta, escrita a máquina pero con
una anotación manual al margen:
París,
10 de abril 75 (*)
Querido
Coco:
Contesto tu carta del 3 de abril.1
Te agradezco el interés que pones en lograr
que se me edite y se me conozca en España y tomo nota de tus
gestiones ante la editorial Laia.
El problema reside en que los derechos sobre mis libros
editados los tiene Carlos Milla Batres y yo no puedo tomar ninguna determinación
al respecto sin consultarle.
Milla tiene sin embargo la intención de reeditar
mis cuentos en colaboración con alguna editora española.
Sobre eso conversamos hace unos días en Paris (sic)2, pues estuvo
por aquí de paso. Le diré pues que Laia tiene interés
en el asunto y le aconsejaré que se ponga directamente en contacto
con Alfonso Comín.
Te dije creo que Tusquets editará un tomito
mío con prosas. El libro está ya en prensa. Cuando salga
haré que te envíen un ejemplar para que le hagas un poco
de bulla en tu isla. Es el primer libro que publico en la Madre
Patria3 y confío, si bien no se dirije (sic) al gran público,
que me sirva de introducción o acceso a otras editoriales.
Sin más por ahora, un fuerte abrazo de
Julio Ramón
París,
21 de diciembre de 1981 (*)
Juan:
Esta te la enviaré con Cayetana Rodríguez
Larraín, que viaja mañana a Lima. Y las siguientes trataré
de enviarlas por valija diplomática, pues ya me parece raro que
mis dos o tres últimas cartas se hayan perdido. Y no me gusta
nada que extraños se enteren de mis intimidades o se aprovechen
de mis esporádicas pero valiosas genialidades epistolares.
Mi viaje a Lima se debe producir en febrero, lo que
te confirmaré antes de fin de año, pues depende del rol
de vacaciones de Julito, que está por publicarse. Ese viaje a
Lima debo empalmarlo con otro a México y Estados Unidos, donde
he sido invitado a sendos coloquios literarios, previstos para fines
de febrero.
Aun no he enviado a Lima el artículo en que
hablo de la quinta. Hace más de un mes que está
escrito, pero no sabía a qué diario mandarlo y luego no
estaba muy satisfecho con su redacción. Ahora lo estoy reescribiendo.
Pensándolo bien, es mejor que suprima toda alusión concreta
a tu residencia, pues no sabemos qué consecuencias puede traer.
Cuando me refiera a las construcciones de adobe en el Perú que
figuran en la exposición que hay en París mencionaré
a todas nominalmente, salvo a la quinta. Diré solamente: y
una hermosa y antigua quinta miraflorina, donde pasé los años
más románticos y locos de mi juventud. Lo que es
cierto, pues te acordarás de 1959 y 1960, cuando venían
a la quinta Buendía, Leslie, Hernando, Bendezú, escuchábamos
discos franceses, nos íbamos luego al Violín Gitano, terminábamos
la noche en blanco en una playa del sur
¡Y tantas otras
cosas!
Tengo tres o cuatro artículos más, pero
sigo dudando dónde enviarlos. El Comercio es más leído,
pero pagan sólo 50 dólares por colaboración, aparte
de que su plantel de colaboradores es flojo. He visto un ejemplar de
El Observador y me gustó su formato, diagramación, impresión,
etc. Pero no sé cuánto durará y a lo mejor mando
allí mi material cuando ya haya quebrado. Hace dos días
estuvo en casa un muchacho Danigno, que es algo así como viceministro
de Economía, y me estuvo explicando los problemas que tiene el
grupo de Rupp, propietario de este periódico, con el Ministerio
de Finanzas y los organismos de crédito.
Sobre la aparición de mi libro en francés,
el asunto anda con pies de plomo. La persona que en Gallimard se iba
a ocupar de su promoción se enfermó y se ha ido de París
por varios meses. Eso me obliga a asumir la propia promoción
de mi libro, pero para ello no tengo ninguna cualidad. Tendría
que invitar a críticos, hacer comidas y cócteles, enviar
libros dedicados a personajes estratégicos, etc. lo que no está
dentro de mi temperamento. Si el libro naufraga me daría pena,
pues creo que se trata de una buena selección y de un valor equiparable
a tantos otros libros promocionados. Pero no me afectaría mayormente.
Yo estoy curtido para estas cosas.
Cambiando de tema, me alarmó mucho el grave
trance de tío Milo, pues fue sorpresivo. Menos mal que está
en Estados Unidos y pudo ser atendido eficazmente. Esas hemorragias
gástricas son peligrosísimas y pueden trasladarnos al
otro lado del espejo en unas pocas horas. Lo sé,
pues cuatro veces me han llevado a mí en ambulancia al hospital,
antes de mis operaciones.
Me interesa que me envíes el artículo
o discurso de Vargas Llosa sobre la cultura. Se trata de un tema muy
controvertido, el de la cultura, pues está ligado a otros o mejor
dicho imbricado con otros: la política, la economía, etc.
Yo tengo un artículo a medio escribir sobre la identidad
cultural, que es uno de los caballos de batalla de la Unesco y
que despierta en mí ciertas reticencias. Ciertamente hay una
homología entre puertas abiertas a la cultura extranjera, liberalismo
político y la economía del libre cambio. Pero el asunto
es mucho más complejo. Yo quiero remontarme a los orígenes
del problema y tengo otro artículo también inconcluso
(como verás, empiezo todo pero no remato) que se llama Teoría
del primer ocupante, en el que analizo sumariamente la noción
de nacionalidad, cómo se forma, qué lo justifica o legitima.
Esto da pie para abordar otros problemas conexos, como son el mestizaje,
la aculturación, etc. No he construido aún los eslabones
intermediarios, pero mi conclusión es que la cultura (en el sentido
de creación, desarrollo, dinamismo, diferenciación) vive
del intercambio. Tan nefasto es el nacionalismo cultural desaforado
o autártico, que conduce al estancamiento e incluso la degeneración,
como el cosmopolitismo a rajatablas, en el que se diluye lo propio o
peculiar en una salsa insípida. El intercambio es indispensable,
pero debe ser selectivo. Ello se nota hasta en la prehistoria o la etnología,
donde encontramos modelos de canjes controlados. La exogamia tiene en
ello su explicación: las etnias o tribus primitivas, tan cerradas
en sí mismas, descubrieron que el comercio y trueque con sus
vecinos era necesario para su supervivencia y desarrollo y aceptaron
como moneda de cambio a la mujer, lo que permitía no sólo
un cruce cultural sino genético. Toda la evolución del
homo sapiens viene de allí. Si cada familia o etnia se hubiera
mantenido en su territorio, sin contacto con lo exterior, la humanidad
hubiera desaparecido o sería un agregado de grupos dispersos
y autónomos, pero culturalmente petrificados. La evolución
del mundo es dialéctica y proviene de la síntesis que
nace del contacto de los contrarios. De allí mi defensa del mestizaje,
como solución y esperanza de nuestra pobre raza humana. Más
te diré otra vez, pues Cayetana viene para decirme que ya prepara
su equipaje y necesita saber lo que tiene que llevar.
Un gran saludo por Navidad para ti, Luci y los sobrinos
y espero respuesta tuya antes de mi viaje a Lima.
Julio
Ramón