Edición Nš 21
Lunes 23, setiembre 2002
Director:
Hugo Coya Honores
Editor:
Enrique Cortez

Redactor:
Jorge Coaguila
Editor Gráfico:
Alejandro Kanashiro
Diseño y Diagramación:

Julio Rivadeneyra Usurin.
Actuales
Mónica Delgado
Poesía que no se calla
Daniel Contreras M.
Encuentro con Marcos Silber

Reseñas
Angélica Serna
Amaru: Nueva colección
Álvaro Sarco
Reminiscencias incaicas

Ensayo
Sergio R. Franco
La tentación del fracaso


Documentos
Ángel Esteban
Dos cartas inéditas de Julio Ramón

Entrevista
Ángel Esteban y Ana Gallego
Ribeyro por Vargas Llosa


Precisiones
Jorge Coaguila
El otro Ribeyro


Lecturas
David Roca Basadre
A favor de los que sobran


Poesía
Miguel Á. Zapata
Eduardo Chirinos y el traspaso de la palabra








El otro Ribeyro

(Jorge Coáguila)

   Prosas apátridas, Dichos de Luder y La tentación del fracaso, entre otros textos no tradicionales, constituyen diversos trayectos literarios de Julio Ramón Ribeyro, un auténtico escritor comprometido con la creación.

   Es conocida la figura de Julio Ramón Ribeyro como cuentista y novelista. Con ironía se le tildó de ser “el mejor escritor peruano del siglo XIX”, por las técnicas que empleaba, correspondientes a narradores franceses decimonónicos como Stendhal, Gustave Flaubert y Guy de Maupassant. Sin embargo, hay un afán de este autor por explorar otros géneros.
   En su diario personal, La tentación del fracaso, en 1970, Ribeyro asegura que los autores peruanos no utilizan otro género más que la novela, el cuento, la poesía, el teatro. “Es decir, los más antiguos, los que se cultivaban en Grecia. Nos falta esa extensión que le da a la literatura géneros más tardíos o géneros ancilares: ensayos, memorias, autobiografías, diarios, correspondencia y los subgéneros como la novela rosa, la policial, el roman noir, de espionaje, de ciencia ficción, novela histórica” (p. 159).
   Con esta preocupación, Ribeyro aportó con géneros no conocidos o desarrollados en el Perú.
Prosas apátridas, que agrupó 89 textos en 1975, 150 en 1978 y 200 en 1986, reúne notas dispersas que provienen de páginas de diario, de cuentos y de artículos. Por ejemplo, el texto 83 es el mismo que aparece, para referirse al primer tomo del diario, el 5 de mayo de 1959. Del segundo volumen se encuentran cuatro textos: 27 (21 de abril de 1961), 79 (21 de junio de 1974), 120 (17 de julio de 1974) y 173 (13 de julio de 1974). El autor me confesó que estos textos se le escaparon. Es decir, no debieron salir en el diario. Sólo algunos pudo sacar a tiempo.
   Dichos de Luder (1989) es lo que en Francia se llama propos, un conjunto de declaraciones de un autor, recogidas para un libro, de diversas fuentes.
   De los doce tomos proyectados de La tentación del fracaso sólo se publicaron dos volúmenes en vida del autor (1992 y 1993) y uno póstumamente (1995). La heredera del autor, Alida Cordero viuda de Ribeyro, se negó a continuar sacando a luz el resto de la obra. Sin embargo, en las siguientes semanas, con su autorización, debe salir en la editorial española Seix Barral la reedición de este libro aparecido por primera vez en el sello de Jaime Campodónico. En el suplemento “Cultural” del diario madrileño ABC se anuncia su publicación en dos tomos, con estuche y una introducción del narrador colombiano Santiago Gamboa. Comprenderá de 1950 a 1975. Es decir, son textos ya conocidos.
Cartas a Juan Antonio es un título que el propio Ribeyro pensó para una edición de la correspondencia con su hermano mayor. De los cuatro volúmenes que se piensa publicar sólo se han editado hasta la fecha dos. Es una selección hecha con sumo cuidado por Lucy Ipenza de Ribeyro, viuda de Juan Antonio, fallecido en abril de 1996.    El primer tomo, editado en noviembre de ese año, comprende de 1953 a 1958. El segundo, aparecido en 1998, de 1958 a 1970.
En una entrevista de 1993, Ribeyro me comentó que hubo una época en que fue un gran escritor de cartas. “Pensaba que era una forma literaria de expresarse. Mi hermano, por ejemplo, tiene una colección de quinientas cartas mías”, declaró. Le pregunté si alguna vez se animaría a publicarlas en vida. Me respondió: “Le he dicho a mi hermano que me traiga las cartas que le he escrito por más de 30 años para hacer una selección. Pero hasta ahora no ha cumplido su promesa de hacerlo”.
   Por problemas de derechos que se disputan los familiares del autor, los lectores nos sentimos privados de los dos tomos restantes. El tercer volumen se encuentra listo. Es decir, diagramado, corregido, además con dos prólogos, índice onomástico y texto de contratapa. Esperamos su pronta aparición.
   En relación con la autobiografía, Ribeyro andaba siempre en busca de una estructura diferente para abordar la historia de su vida. En cierto sentido, el célebre cuento “Sólo para fumadores” (1987) es un notable intento. Ahí, con el pretexto del cigarrillo, nos da luces sobre su paso por la Universidad Católica, su experiencia errante por Madrid y Alemania, su residencia en París, sus sufrimientos por el cáncer. Sin embargo, la autobiografía propiamente se quedó inconclusa, como muchos proyectos. “Empiezo todo pero no remato”, le confiesa a su hermano en una carta del 21 de diciembre de 1981, que se reproduce en la página central del suplemento en manos.
   De esa autobiografía sólo se conocen algunos capítulos: “Ancestros”, acerca de sus antepasados, se publicó en Antología personal (Lima, Fondo de Cultura Económica. 1994). “El parque Sucre”, sobre su niñez en el barrio miraflorino de Santa Cruz, salió en el suplemento “Artes & Letras” del diario El Mundo, en la semana del 8 al 14 de mayo de 1994. Este texto, con ligeros cambios y con otro título, “Juegos de la infancia”, se publicó póstumamente en el suplemento “Lundero” del diario La Industria, de Chiclayo y Trujillo, el 1 de enero de 1995. Meses antes de morir, Julio Ramón me entregó el prólogo. El texto inédito se lo di al escritor Abelardo Sánchez León, quien lo publicó en Quehacer, número 90, julio-agosto de 1994.
Otro proyecto que dejó a medias es Proverbiales, conjunto de textos que aparecieron por vez primera en la revista Escandalar, de Nueva York, volumen 4, número 3, correspondiente a julio-setiembre de 1981. Parte de esta obra se encuentra en Antología personal. En una entrevista de junio de ese año, realizada por Elsa Arana y Freire y Miguel Enesco, dice que éste es “un libro de relatos, no cuentos en el sentido tradicional. Son episodios sobre personajes históricos, como un esbozo o una semblanza”. Incluye al poeta latino Ovidio, al narrador francés Marqués de Sade y al pintor italiano Caravaggio, entre otros.
   En el prólogo de su Antología personal, en 1994, Ribeyro anota en contradicción de la primera cita de este artículo: “Las fronteras de los llamados géneros son frágiles, y catalogar sus textos en uno u otro género es a menudo un asunto circunstancial, pues toda obra literaria es en realidad un continuum. Lo importante no es ser cuentista, novelista, ensayista o dramaturgo, sino simplemente escritor”. No más.







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