Edición Nš 21
Lunes 23, setiembre 2002
Director:
Hugo Coya Honores
Editor:
Enrique Cortez

Redactor:
Jorge Coaguila
Editor Gráfico:
Alejandro Kanashiro
Diseño y Diagramación:

Julio Rivadeneyra Usurin.
Actuales
Mónica Delgado
Poesía que no se calla
Daniel Contreras M.
Encuentro con Marcos Silber

Reseñas
Angélica Serna
Amaru: Nueva colección
Álvaro Sarco
Reminiscencias incaicas

Ensayo
Sergio R. Franco
La tentación del fracaso


Documentos
Ángel Esteban
Dos cartas inéditas de Julio Ramón

Entrevista
Ángel Esteban y Ana Gallego
Ribeyro por Vargas Llosa


Precisiones
Jorge Coaguila
El otro Ribeyro


Lecturas
David Roca Basadre
A favor de los que sobran


Poesía
Miguel Á. Zapata
Eduardo Chirinos y el traspaso de la palabra








A toda voz en Cajamarca

(Mónica Delgado)

   La historia de los recitales en el Perú no tiene más de diez páginas, y reúne aquellos encuentros y festivales dedicados íntegramente a la poesía, que en su mayoría se desarrollaron en provincias, concentrando a la crema y nata de los escritores limeños; o a esos otros actos que rinden homenaje a sus coterráneos más egregios, novatos y veteranos, en una suerte de “salvar lo nuestro”.
   Entre estas dos tendencias está el Segundo Festival Internacional de Poesía El Patio Azul, que se efectuó en Cajamarca desde el jueves 19 hasta ayer, y fue organizado por Antares –institución particular que apuesta por la difusión de las artes y las letras– y el Instituto Nacional de Cultura, que busca descentralizar la producción cultural.
Durante cuatro fechas se congregaron seis poetas de cuatro países latinoamericanos y una veintena de vates peruanos. El argentino Marcos Silber; los colombianos María Mercedes Carranza, Jotamario Arbeláez y Celedonio Orjuela Duarte; el ecuatoriano Julio Pazos Barrera; y la costarricense María Montero formaron la delegación extranjera en una primera visita al país.
   Una auténtica fiesta que, con verdadera fidelidad a su voz latina festivalis, hizo de estos días una consagración al arte de la palabra. No se trató sólo de un encuentro, sino de la comunión de diversas voces que llevaron a los oyentes a disímiles propuestas y entornos poéticos.
   Desde el afiche que promocionaba el festival, en el que se aprecian las figuras de Vallejo, Westphalen (lástima que apareciera en su silla de ruedas como si esa fuese su eterna pose), Valdelomar, Adán, Eguren, Guevara, Martos y Corcuera, entre otros, podía entreverse el espíritu abarcador, que incluso rompe generaciones y las concilia.
   Por eso intervinieron desde poetas de la generación del 60 como Rodolfo Hinostroza, Luis La Hoz, Ricardo Silva-Santisteban y Jesús Cabel hasta los más jóvenes como los del Grupo Ana.
Este segundo festival internacional –que en realidad debió ser el primero, ya que el celebrado el año pasado fue un encuentro nacional– contó con el loable auspicio de Minera Yanacocha, y se convirtió en la contraparte del desdén de algunas instituciones privadas hacia la cultura.







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