Reminiscencias incaicas
(Alvaro Sarco)
Vencida la defensa de Lima organizada por Piérola,
entró la soldadesca chilena a la capital en enero de 1881. Poco
duró la promesa de los invasores de respetar la ciudad, ya que,
como lo denunció el entonces director de la Biblioteca Nacional,
Manuel de Odriozola: El 26 de febrero se me exigió la entrega
de las llaves de la biblioteca, dándose principio al más
escandaloso y arbitrario despojo. Los libros son llevados en carretas,
y entiendo que se les embarca con destino a Santiago.
Así desapareció uno de los tres manuscritos
de la obra del canónigo Justo Apu Sahuaraura Inca: Recuerdos
de la monarquía peruana o bosquejo de la historia de los incas,
de 1838 aproximadamente (el segundo se conserva en la Biblioteca Nacional,
pero gravemente dañado por el incendio de 1943, y el tercero
se extravió tras ser editado en Francia).
El manuscrito robado inició un largo periplo
que lo llevaría de la biblioteca de un coleccionista argentino
que lo había comprado alrededor de 1923 a un bibliófilo
chileno, a la famosa colección del brasileño José
Mindlin, por 1970. Fue este último quien mostró a un grupo
de miembros de la Fundación Telefónica del Perú
el importante códice para, finalmente, permitir la publicación
facsimilar del mismo, dado el interés de la delegación.
Justo Apu Sahuaraura Inca editó su obra hacia
1850 en París y, recientemente, ha sido reeditada en Bolivia
a partir de dicha versión parisiense. Sin embargo, como afirma
el historiador peruano Javier Flores Espinoza, esta edición es
una abreviación del manuscrito de Mindlin, además, carece
del tenor antihispánico del documento del brasileño, y,
por último, las acuarelas de los incas que acompañan a
la edición de 1850 no parecen tener sustento histórico,
a diferencia de las de la edición facsimilar, auspiciada por
Telefónica. Éstas habrían sido, de acuerdo con
la hipótesis atendible del historiador peruano, tomadas del árbol
real enviado por Paullu Inca a Garcilaso en 1605.
Por lo dicho, resulta encomiable la publicación
de Telefónica al ofrecernos un acercamiento a la fisonomía
de los incas, además de constituirse como afirma José
Tamayo Herrera en Ideas y mentalidad andina durante el siglo XIX
en una pista invalorable para sondear la mentalidad de quienes se sentían
descendientes de lo más acrisolado de la nobleza indígena
en pleno siglo republicano.