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Una novela peruana
Como todo en la Tierra
Son pocas las novelas peruanas ambientadas en el seno de la alta burguesía limeña: Un mundo para Julius (1970), de Alfredo Bryce Echenique, es tal vez la más conocida de ellas. El éxito inmediato que este libro tuvo al momento de su aparición favoreció, al mismo tiempo, el rescate de una novela editada en 1934 e injustamente olvidada: Duque, de José Diez Canseco. Entre ambos títulos hay que colocar un tercero, desconocido para el gran público: Como todo en la Tierra,
que apareció en 1962 firmado por Alberto Wagner de Reyna.
La novela se ambienta principalmente en Lima, aunque también hay pasajes de importancia que transcurren en Chile, Brasil y algunos países de Europa. Como todo en la Tierra narra las circunstancias en que los Villalta, una vieja familia limeña de raigambre aristocrática, entran en un acelerado proceso de decadencia en el lapso de 1930-1940. Los hechos empiezan en 1932, con la sorpresiva partida del Perú del joven abogado Felipe Villalta, quien, a bordo del Ormundia, viaja a Europa abandonando el estudio jurídico dirigido por su hermano Carlos. En realidad, el viaje de Felipe es una ruptura, ante todo, con una tradición familiar de la que se siente prisionero.
Descendientes de un oficial español llegado a Lima en el siglo XVIII, los Villalta se han mantenido, a lo largo de las generaciones, en un sitial de notoriedad en medio de la alta sociedad limeña. Al inicio de la novela Carlos es, de facto, tras la muerte de los padres, el pataer familias de los hermanos Villalta; ellos son, además de Felipe: Isabel, de fuerte personalidad, la segunda en edad después de Carlos; Beatriz, casada con Julito Campuzano, playboy y hombre de negocios; Raúl, pintor de vocación y el artista bohemio de la familia. A ellos se suman Miriam, la esposa de Carlos, y los dos hijos de éstos.
La novela está dividida en tres partes. En la primera, “El gallo”, asistimos a la partida de Felipe y a las consecuencias que su alejamiento traerá a la familia. Es interesante resaltar la descripción que Wagner de Reyna hace del puerto del Callao en los instantes en que el barco leva anclas e inicia la travesía:
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El buque comenzó a alejarse [...] Pañuelos y sombreros agitados en el muelle; ya no se oyen bien los adioses que de un lado a otro se lanzan como serpentinas [...] La orquesta de bordo toca un aire alegre, adecuado a las circunstancias, y algunas lágrimas empañan la vista de uno que otro pasajero.”
Poco después, Raúl trocará, de manera totalmente azarosa, la bohemia por el compromiso político. Durante uno de sus deambulares por el Centro de Lima se ve en medio de la manifestación de un partido –innominado en la novela– de ímpetus revolucionarios (¿el APRA?). Es detenido por la Policía, pero, en lugar de decir que nada lo une a los manifestantes da a entender que está vinculado con ellos; al ser liberado se une plenamente a su causa. El partido en cuestión intenta una toma del poder, la cual es desbaratada poco antes de iniciarse; en consecuencia, Raúl es arrestado y sólo gracias a influencias familiares evita la prisión, pero parte al exilio en Santiago de Chile.
Isabel Villalta, consagrada a las obras de caridad, vive atrincherada en una férrea soltería. De pronto, más bien con inercia, se casa con un minero norteamericano, simplón y aficionado al whisky, en un matrimonio que desde el primer momento se intuye como un fracaso y que el divorcio confirmará. Beatriz, la otra Villalta, hastiada de los negocios y del donjuanismo de su marido, se entregará a Pipo, un viejo amigo de la familia.
En la segunda parte, “Vive para ti solo, si pudieres”, el narrador omnipresente empleado por Wagner de Reyna cuenta las peripecias de los dos Villalta en el extranjero: Felipe recorre Europa, donde permanecerá hasta el estallido de la Segunda Guerra Mundial, en una suerte de prolongada experiencia iniciática en la que conocerá el amor y buscará la sabiduría. Llama la atención que el autor, cuyo apellido paterno es de pura cepa germánica, no haga ninguna alusión al nazismo en los pasajes donde Felipe recorre el territorio del Tercer Reich. Es más, en las conversaciones de Villalta con algunos personajes no hay una sola referencia a la efervescencia política que por entonces vive el pueblo alemán. Esta omisión, ciertamente deliberada, es quizás un punto débil en la novela, de corte realista.
En cuanto a Raúl, en la capital chilena enfermará de tuberculosis y, en busca de un mejor clima, partirá a Brasil. Entre tanto, la pintura habrá dejado de ser para él un diletantismo convirtiéndose en una razón de ser, una actividad vital y febril, más cuando le anuncian que, debido a la enfermedad, no ha de vivir por mucho tiempo. En el exilio, como Felipe, habrá adquirido una nueva concepción de la vida.
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Una lágrima en la mejilla del tiempo”, la tercera y última parte de Como todo en la Tierra, muestra nuevamente a todos los Villalta en Lima. Pero ya no son los de antes, ni individual ni socialmente. Carlos se ha divorciado y su estudio jurídico pierde prestigio e influencia; la deserción de Felipe y la aventura política de Raúl le ganaron desconfianza y el alejamiento de clientes importantes. Pronto, el otrora renombrado Carlos Villalta será un abogado más de los que ejercen en Lima y su estudio jurídico, una modestísima oficina. En un momento, la suerte parece sonreírle de nuevo, cuando unos poderosos inversionistas japoneses le proponen a Carlos ser su representante en el Perú. Acepta, pero el ataque a Pearl Harbor, en diciembre de 1941, proscribirá en el Perú a todo lo relacionado con el Japón.
La muerte de Raúl reunirá brevemente a la familia en una exposición de sus cuadros, que se revelarán de calidad y de un gran contenido místico. Felipe optará por una vida retraída; Isabel, tras su divorcio, vivirá de manera humilde en una pieza de la que fuera la mansión de los Villalta. Beatriz, se resignará ya no sólo a la infidelidad de su esposo, sino a los engaños de su amante, quien terminará casándose con la hija de Carlos.
En fin, Como todo en la tierra es una novela emblemática: por medio de los Villalta asistimos al fin de un tipo social peruano, una de las ramas de la aristocracia criolla, incapaz de amoldarse a las nuevas reglas del juego económico y social que en las décadas de 1930 y 1940 marcaron el futuro de la vida peruana.
Filósofo de formación y de vocación, diplomático de profesión, Alberto Wagner de Reyna conoce desde dentro, como Diez Canseco y Bryce, el mundo de la burguesía y lo que fue la aristocracia limeña. Aunque sin el abierto humor de Duque ni de Un mundo para Julius, hay también en Como todo en la Tierra una fuerte dosis de ironía contra las clases privilegiadas del Perú. El autor se muestra además, por otro lado, como un amante de Lima: en la novela se siente, de manera constante, que se trata de “una Lima que se va”: las calles tienen nombres hoy desusados –Minería, de Gallos o de Pescadería–; y menciona lugares hoy desaparecidos como “La Pampa del Hambre”, sobrenombre del café Leon’s, en la esquina de la iglesia de la Merced y durante años varadero de bohemios y lechuceros.
Sin embargo, Como todo en la Tierra adolece de un problema extrínseco: el libro no fue debidamente corregido antes de pasar a la imprenta, factor que atenta contra la fluidez en muchos pasajes de la narración. Se debe reprochar también al autor el frágil seguimiento que hace de dos de los personajes –los dos hijos de Carlos Villalta–: apenas sí mencionados a lo largo de la novela, en los últimos pasajes tienen un rol importante. Lo mismo ocurre con los cambios políticos vividos por el Perú en 1932-1933, que en la novela provocan el exilio de Raúl e, indirectamente, la decadencia de Carlos Villalta. En todo caso, se trata de una novela con pleno derecho de formar parte de la historia de la narrativa peruana, de ésa que surge en la década de 1950: como los escritores de esa generación de cuentistas y novelistas, Wagner de Reyna posee, en su propio registro, un espíritu crítico frente a lo que Salazar Bondy llamó la “Arcadia Colonial”, esto es, la legitimación del sistema de valores coloniales hecha por los grupos dominantes en la República.
Wagner de Reyna, quien reside en París hace largos años, ha publicado también, en lo que a literatura se refiere, la novela La fuga, editada en Chile en 1955; el libro de relatos La historia del centavo chico (el cuento que da título al libro fue publicado por el suplemento Dominical de El Comercio, el 18 de abril de 1954, en su primera página); además de una deliciosa novela corta, Duelos y quebrantos (1985), en que el autor se regala el placer de criticar y enaltecer, con un humor criollo y elegante, una de las formas de lo limeño.
(*) Narrador peruano residente en París. Autor de los libros de cuentos Colmena 624 (1995) y Ladrón de libros (2002).
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