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RESEÑAS
El enigma de la feminidad
Por: Gabriel Icochea Rodríguez
La trama de las Moiras puede ser leída desde diversos puntos de vista. Uno de los enfoques insoslayables es el de la condición femenina. José Donayre ha convocado a tres personajes femeninos que equivalen a tres versiones distintas del misterio. Todas estas mujeres, cada una a su manera, construyen una imagen basada en la ambigüedad. He aquí una primera visión que el autor nos ofrece: la mujer como una clave indescifrada. Esta oscuridad tiene sus orígenes en Pandora o en Medea. Para Donayre, esa clave nunca se resuelve, pese a que los misterios y el desconocimiento conducen al personaje central al descontrol y la muerte.
Un profesor universitario deja súbitamente la ciudad de Lima, en compañía de Sandra, la ex mujer de un amigo que ha muerto. Cusco, que es el destino de la pareja, se muestra ante ellos como un escenario, al mismo tiempo, cosmopolita y tradicional. Allí, conoce a una extraña mujer extranjera que aparece en momentos de plena soledad y que relata su desgracia: ha sido violada y maltratada. En otro momento, junto con Sandra conoce a otra mujer, Almudena, que les renta una casa y mantiene un extraño romance con un argentino.
Sandra, el personaje central, carece de un diseño muy preciso. A veces se pierde en una suerte de espíritu anodino. Sus motivaciones nunca son claras. Sandra es la versión más doméstica y simple de la mujer. Por ello, nunca abandona la insipidez ni siquiera en sus momentos mas sufridos. Donayre no puede otorgarle un trazo firme, salvo en los fragmentos oníricos que atraviesan la novela. En cambio, Cristine, la extranjera que aparece en escenarios montados con un estilo surrealista por el autor, tiene la devoción y la entrega que parecen constituir otra de las versiones de la femineidad. Algo fuertemente emparentado con la tradición judía.
Almudena, por el contrario, es la mujer de raíces étnicas y de misteriosa composición. Ella es el nexo con un espacio que al personaje central nunca deja de parecerle ajeno: un Cusco indígena que al personaje, por su extracción pequeñoburguesa y citadina, se le aparece como un misterio.
El relato de Donayre tiene una impronta sabatiana bastante reconocible. Inclusive la mención del escritor argentino es explícita. Nadie mejor que Sabato ha dibujado en Sobre héroes y tumbas el carácter indescifrable de la mujer. Alejandra es el paradigma de todos los personajes femeninos en los cuales los límites son ambiguos: el bien y el mal, la tragedia y la salvación, la fortaleza y la debilidad. Donayre ha sabido asimilar bien las virtudes de la novela sabatiana. Sus diseños son esforzados. Lo siniestro discurre por un cauce natural. Las preguntas sobre el destino y el tiempo en la vida de los hombres son siempre pertinentes.
Pero, por encima de todo, José Donayre ha trabajado con acierto la composición del relato. Los acontecimientos son narrados con intensidad dramática. La verdadera virtud de Donayre está en el manejo del dramatismo. Nunca pisa los terrenos peligrosos del exceso y el mal gusto. La intensidad se acrecienta desde el principio hasta el final. Los cortes que parecen extraídos de un sueño cooperan con los propósitos narrativos del autor. Y así, en el estallido, en la confusión absoluta, el autor encuentra un buen final para su novela.
Esta pieza narrativa se halla lejos de las convenciones de seres disolutos y tramas salpicadas en exceso de autodestrucción y violencia. Al final, La trama de las Moiras busca responder preguntas más antiguas e importantes desde una excelente idea de lo que es la literatura.
Desde el ojo del huracán
Por: Alfredo Herrera Flores
La última publicación del poeta José Luis Ayala (Huancané, Puno, 1944) es una colección de 280 collages y un poemario de 58 poemas, reunidos con el título de Cábala para inmigrantes. Como varios de sus anteriores libros, éste tiene una presentación poco común. Un libro de 67 páginas, Le moulin rouge, más 280 hojas sueltas impresas por ambos lados que dan título al conjunto global. Todo en papel tipo Bond blanco, tamaño A4, dentro de una caja de cartulina, en el que, además, va la carátula a color.
Aparte de darle estas características al libro, Ayala nos lo presenta como “antilaveno y poemallages”, es decir, una antinovela y la combinación de poemas y collages. Añade un subtítulo que dice que el lector es el autor y precisa que el paquete contiene “collages, numerosas propuestas de alecturas e infinitas antilecturas”, anotando que es “sólo para lectores zahoríes”. Estas anotaciones, en realidad, no sirven de mucho para el lector, pues no lo inducen a una lectura especial, ya que el contenido del libro son poemas y prosas poéticas e ilustraciones en las que se combinan, con mucha imaginación, fotografías, dibujos y textos. Sin embargo, la calidad de los textos y la riqueza de imágenes de las ilustraciones llevan al lector por rutas insospechadas, desde el verso de amor hasta la frase reflexiva o política, del vocablo aimara al paisaje oriental, de la intimidad al recuerdo.
La lectura del conjunto de los textos de Ayala es, en efecto, una historia, una experiencia, una secuencia de situaciones con personajes definidos, contada en primera persona y, por tanto, de acuerdo con la concepción clásica de la literatura, una novela.
El concepto de antinovela, de la que el propio autor precisa para identificar su obra, no es nuevo. Ya hay muchos ejemplos de historias contadas de manera nada convencional, presentadas sin un orden aparente y que permite una lectura aleatoria con ciertas claves. Uno de sus puntos culminantes es Rayuela, la antinovela de Julio Cortázar. En el caso de Cábala para inmigrantes, se trata de una historia contada en secuencias no definidas, breves escenas en las que el autor-personaje-narrador-guía deja pistas para armar un rompecabezas en el que el lector es también una pieza de la creación.
En la primera parte, Le moulin rouge, los poemas son reflexivos, amorosos e intimistas. Se reproducen con la caligrafía del manuscrito original, juegan con la forma y la tipografía, y alcanzan una tensión personalísima: “Ayúdame, Poesía, / a encontrar la forma / de retener el tiempo”. En la segunda, se tratan de cuadros, prosas poéticas, en los que Ayala cuenta su experiencia como inmigrante sudamericano en París, de la mano con otros artistas como los pintores Gerardo Chávez o Alberto Quintanilla.
Aquí la historia, cada texto o collage, explora situaciones humanas extremas, propias de momentos de profunda ansiedad: “Despierto sin haber dormido ni un minuto. Creí estar sano pero no es así”. Ayala también recuerda y añora el pueblo natal, los amigos y la familia, lo que hace más difícil su condición y más extremo el lenguaje de sus textos.
Poesía del dolor, la nostalgia y la soledad. Literatura del sueño y el insomnio. El libro de Ayala no tiene principio ni fin; tampoco es circular. Es una radiografía del tormento, pero también un canto optimista, un homenaje a la condición de ser humano. Está escrito desde el ojo del huracán, desde el fondo del espíritu.
La extraordinaria singularidad de Felisberto Hernández Por: Giancarlo Stagnaro La literatura uruguaya es ampliamente conocida y valorada en nuestro país a raíz del magisterio que ejercen Horacio Quiroga y Juan Carlos Onetti. Sin embargo, conocemos muy poco acerca de la obra de otro escritor de ese país, Felisberto Hernández, reconocido por Julio Cortázar e Italo Calvino como uno de los mayores referentes de la literatura fantástica rioplatense junto con Borges.
A diferencia de la proliferación de títulos en Uruguay y Argentina acerca de lo que se denomina como obra “felisberteana”, en nuestro país se ha salvado esta omisión con la publicación del reciente estudio de Rosario Fraga de León, docente de la Maestría de Literatura de la Pontificia Universidad Católica del Perú: Felisberto Hernández. Proceso de una creación, gracias al cual accedemos a un conocimiento más grato de la escritura de este importante narrador y pianista uruguayo, nacido en 1902 y muerto de 1964. El movimiento vanguardista fermentó en América Latina con los matices propios de cada país. En muchos casos, la vanguardia fue asimilada tal cual provenía de Europa, como un calco de sus formas rebeldes; en otros, posibilitó la insurgencia de representaciones reflexivas sobre la propia escritura y el lenguaje, imposibles de clasificación para el normalizado gusto ciudadano. En ese contexto aparecen los relatos cortos de Felisberto Hernández, incluidos en los títulos Los libros sin tapas, La envenenada, Tierra de memoria, Por los tiempos de Clemente Colling, El caballo perdido, El cocodrilo, La casa inundada y otros cuentos, Las Hortensias, entre otros.
Fraga de León pretende acceder a la manera en que Hernández ha elaborado sus narraciones, caracterizadas mayormente por la “disociación de la conciencia”, las elucubraciones filosóficas, la reflexión sobre la propia escritura y la conjunción de humor y erotismo. Con esto, la autora se cuida de etiquetar los cuentos felisberteanos debido a la singularidad que encuentra en ellos, prototipos de una práctica literaria irrepetible en el ámbito latinoamericano y –a juicio de Calvino– europeo, en cuya huella se descubre la sorpresa constante y un hálito de penetración en lo incognoscible. Los vínculos entre sujeto y objeto se disuelven, por lo que una angustia se apodera de los seres.
Felisberto Hernández ejerce una narrativa de lo misterioso, término que el mismo autor emplea para definir su literatura. Fraga de León recoge el guante y apela a la teoría crítica, así como a la extensa bibliografía construida a ambos márgenes del Río de la Plata sobre este escritor. La clasificación de lo fantástico por Todorov resulta útil, pero la autora concluye que estas categorías son insuficientes para aproximarse al corpus felisberteano. Sin embargo, el psicoanálisis freudiano interpela e interpreta –a través de los contenidos manifiesto y latente aplicados a la escritura– los aspectos que la autora reconoce como esquizofrénicos en esos textos. Del “ello”, de la fragmentación del cuerpo en partes independientes entre sí, deriva el desdoblamiento que opera en el propio narrador.
Para Fraga de León, el pensamiento del francés Henri Bergson incide en los aspectos humorísticos que, más que una carcajada o una sonrisa, inquietan y desconciertan en Hernández. Ese humor chocante y negro de estirpe surrealista se conjuga con ciertos rasgos eróticos, como en el caso del cuento “El balcón”, en el cual una mujer fantasea obsesivamente con dicho objeto, pero éste se desploma. La dama en cuestión aduce que su amado “se suicidó por amor”.
Esta atracción por lo absurdo determina que lo fantástico en Felisberto Hernández provenga de la “inquietante extrañeza” ocasionada por las cosas, de la que nos hablaba Freud. Hacia esta irracionalidad que subyace en un orden racional se dirige todo el ímpetu creativo de este escritor. Su poética existencial, aunque ajena a la problemática de su tiempo, denuncia la carencia de estímulos para el artista en su medio. También acusa la influencia fundamental de Carlos Vaz Ferreira, el mayor filósofo uruguayo, al otorgarle la posibilidad de ejercer sus ideas sin sujeción alguna.
Por lo anterior, creemos que Felisberto Hernández. Proceso de una creación constituye una pertinente introducción a la lectura de un autor imprevisto y, a la vez, insólito como el uruguayo Hernández.
ESTAFETA
Pueblos y lenguas de fronteras (Fondo Editorial de la UNMSM, 2003) reúne trabajos antologados por Gustavo Solís y Luis Enrique López, ambos lingüistas de impecable trayectoria –el primero, director del CILA (Centro Interdisciplinario del Lenguaje y Aprendizaje); y el segundo, especialista en educación intercultural bilingüe (EIB) y asesor del Gobierno boliviano–. La recopilación reúne las ponencias del conversatorio sobre la problemática de los pueblos de frontera –separados a raíz de la fundación de los Estados sudamericanos–, que se efectuó durante el Tercer Congreso Nacional de Investigaciones Lingüístico-Filológicas (2001). Investigadores y dirigentes indígenas discutieron esta cuestión idiomática que atañe a millares de personas en toda América, en particular en las zonas altoandina y selvática.
El sueño del halcón (Ediciones El Santo Oficio, 2003) nos presenta la prolífica poesía de Donald Everett Axinn. Este esfuerzo de difusión de la obra del vate norteamericano en el Perú fue realizado por Miguel Ángel Zapata, quien, además de poeta, es profesor de literatura en Hostra University, Long Island, Nueva York. Las traducciones están a cargo del chileno Óscar Hahn, la española Marta López-Luaces y Zapata. Se trata de un conjunto de poemas donde destaca el movimiento del hablante lírico entre escenarios citadinos y rurales. El trayecto de la voz poética sucede sin interrupción, cancelando la diferencia espacial que su recorrido advierte. El poema fluye por el mundo.
Tradición oral, culturas peruanas –una invitación al debate– (Fondo Editorial de la UNMSM, 2003) es otra compilación hecha por Gonzalo Espino, docente de la especialidad de Literatura de San Marcos, que reúne las intervenciones producidas durante el Segundo Seminario de Tradición Oral y Culturas Peruanas. Entre ellas se puede apreciar la participación de académicos, estudiantes y profesores extranjeros, que se centra en el dialogismo y las reflexiones sobre las tradiciones orales –andina, amazónica, afroperuana– que cohabitan en el espacio geográfico peruano. De igual modo, es motivo de constante preocupación el abordaje teórico para concretar una mejor lectura de las manifestaciones culturales que forman parte de nuestra diversidad.
Diegesis. Revista de narración, llega a su quinta edición y nos entrega un interesante conjunto de narraciones tanto de escritores ya consagrados como de aún nóveles. Esta revista, dirigida por el narrador y profesor sanmarquino Jorge Valenzuela Garcés, dedica también un lugar importante a la crítica literaria, entendiendo que creación y crítica son actividades que no se excluyen, sino se complementan. Así, destacan los relatos de Pilar Dugui, Giovanna Pollarolo, Carmen Ollé, Mariella Sala y Andrés Cloud, entre los autores ya conocidos, y la presencia de novísimos narradores como Roxana Jiménez Vargas-Machuca, Moisés Sánchez Franco y Rubén Millones. El texto de crítica es del semiólogo Santiago López Maguiña.