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EDICION NUMERO 59 |
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A
LOS LECTORES
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Una reflexión a propósito del Día del Idioma no puede dejar de precisar en el Perú su carácter plural. Los idiomas que aun existen en el país, las tradiciones a las que remiten, son el producto del conflicto intercultural que propició la conquista, pero también un diálogo entre sus actores, un horizonte de entendimiento desde una perspectiva actual.
El español se ha enriquecido lingüística e ideológicamente con las diversas lenguas a las que acoge. En cierto sentido, podríamos afirmar que ha adquirido un sabor local, sin duda matizado por las expresiones literarias a partir de las realidades sociales y lingüísticas de cada país.
Pensar en español, si asumimos la expresión del filósofo Eugenio Trías, es más que una necesidad institucional, pura especulación conceptual o un ejercicio de estilo; pensar en nuestro idioma es reconocer cuán mediado se encuentra éste por otras lenguas, otras tradiciones.
Algo que precisa Trías en el ensayo que abre esta edición es el carácter creativo de todo pensamiento, y más si el objetivo es también rebatir viejos prejuicios que afirman que el español no sirve para pensar.
Ahora que cuantitativamente se habla de más de 400 millones de hispanohablantes nativos, y que su práctica no se encuentra focalizada a un solo territorio Julio Ortega nos lo presenta trasatlántico, enfatizar el valor del idioma que usamos más que un hispanismo que se opone a un indigenismo, por citar una vieja polémica de la intelligentsia peruana, es una manera de reconocernos fraternalmente.
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EL
EDITOR
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