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Los estudios subalternos aplicados al Perú
Frente al artículo Aportes y equívocos de la crítica (identidades 58), que cuestiona el trabajo y la metodología empleada por Ulises Juan Zevallos Aguilar en su libro Indigenismo y nación, el crítico alemán Marco Thomas Bosshard, autor de esta nota, precisa el aporte de Zevallos en el contexto de los estudios subalternos.
Hubo un tiempo en que se consideró a los seguidores de los subaltern studies en los departamentos de Latinoamericanística de las universidades estadounidenses como una especie de outsiders, desvinculados de las corrientes teóricas y críticas que predominaban en las universidades hispanoamericanas. Importaba mucho que esta teoría haya sido formulada en la India o por intelectuales hindúes en el extranjero y el rechazo a este innovador tipo de análisis se inscribió en un discurso de críticos latinoamericanos que negaban rotundamente cualquier línea de investigación sobre América Latina no nacida o institucionalizada en el reino de Calibán.
En los últimos tiempos, se ha ido evidenciando lo erróneo de tal rechazo, gracias a estudios como el que acaba de publicar Ulises Juan Zevallos Aguilar. Alumno tanto de John Beverley miembro fundador del Grupo de Estudios Subalternos Latinoamericano, recientemente disuelto como de Antonio Cornejo Polar, su monografía Indigenismo y nación es un buen ejemplo para acabar con los prejuicios que siguen existiendo contra los subaltern studies. Aplicando las teorías formuladas por el historiador hindú Ranajit Guha al Perú provincial de la década de 1920, el autor logra interpretar el discurso indigenista, hasta ahora poco estudiado, de los integrantes del grupo vanguardista puneño Orkopata en la revista Boletín Titikaka (1926-1930) de una manera convincente.
Con el fin de estructurar su trabajo en los capítulos titulados La autorepresentación de los intelectuales, La representación del indígena y Los problemas de la representación, Zevallos Aguilar parte de la diferenciación clave que efectúa Gayatri Spivak con respecto a la polisemia de la palabra to represent o representar en inglés y en castellano, respectivamente. Ya que la terminología alemana empleada por Karl Marx (darstellen y vertreten) no puede ser sino traducida con el verbo representar, existen, pues, dos tipos de representaciones: una de carácter mimético es decir estético (hablar como) y otra de carácter político (hablar por). Ambas representaciones del sujeto indígena pueden ser observadas en los textos narrativos y ensayísticos del Boletín Titikaka: por una parte, se percibe una escritura mimética indigenista y hasta etnográfica que se opone a la representación racista de los indígenas en la narrativa de los terratenientes o gamonales puneños; por otra, destaca una escritura que reivindica a los indígenas políticamente, tratando de prestarles la voz del intelectual para que represente sus intereses en la (re-)construcción y modernización del Estado peruano.
Aunque concebido con las mejores intenciones, salta a la vista la ambigüedad de este discurso en el ámbito de la educación, por ejemplo. Según los integrantes del grupo, la educación constituye el aspecto clave para la modernización del país que requiere también de la integración de la población quechua y aimara en el proyecto nacional. Por un lado, el líder del grupo, Gamaliel Churata, cuya máxima importancia para las letras peruanas recién se está descubriendo desde hace muy poco, alababa el sistema educativo mexicano establecido bajo José Vasconcelos, deseando que sea trasladado al Perú indígena. Por otra parte, su amigo Emilio Vásquez, iniciador de un proyecto de escuela ambulante para los indígenas en la provincia de Puno, se desesperaba ante la supuesta falta de higiene de la población indígena: La higiene de la raza indígena es un problema completamente utópico [
] y sólo una tenaz campaña podrá construir los cimientos de la vida higiénica. La ambigüedad del discurso surge, por supuesto, por el hecho de que, para los integrantes del Grupo Orkopata, se trata al mismo tiempo de defender y de educar al indio. Aunque se identifiquen con él, éste sigue siendo el otro subalterno que provoca una actitud paternalista. Sin embargo, se ve reflejada en esta ambigua actitud también la posición de intelectuales provincianos como Churata, Vásquez, Julián Palacios o Pastor Ordóñez una posición in-between o mediadora entre los sectores subalternos y hegemónicos. Esta posición, en el marco local y regional, les otorga la autoridad de una elite. En el marco nacional, sin embargo, coincide con una posición subalterna muy parecida a aquélla de las poblaciones indígenas que son representadas por los miembros del grupo, puesto que el lugar de enunciación de su crítica es el periférico Altiplano puneño.
Por tal razón, la co-pertenencia de los miembros del Grupo Orkopata al sector subalterno lleva a que Zevallos Aguilar pueda concluir, relativizando las posibles críticas a los intelectuales del Boletín: El hecho de que en el libro haya analizado las ambigüedades del discurso indigenista no significa que lo deseche por completo. A pesar de todas sus limitaciones y contradicciones es un discurso aceptable y mejor que aquellos que promueven la homogeneización cultural o el genocidio de los pueblos diferentes a los modernos.
Visto así, no se llega necesariamente a la misma conclusión de Spivak. Según ella los subalternos o más precisamente: las subalternas, puesto que el pertenecer al género femenino las hace enmudecer aún más no pueden/saben hablar. No es que los intelectuales varones (y, a veces, chauvinistas) subalternos del Boletín Titikaka no supieran hablar aunque parece que les negaban esta facultad a los demás subalternos que querían representar: los indígenas puneños, sino que sus protestas periféricas tampoco fueron escuchadas por las elites limeñas. En este sentido, el excelente libro de Zevallos Aguilar contribuirá, junto con las monografías al respecto de Cynthia Vich y Yazmín López Lenci, a que la crítica literaria latinoamericanista aprenda a escuchar mejor las innovadoras investigaciones de Estados Unidos incluidas y a que se saquen del olvido los ensayos y textos literarios vanguardistas del Grupo Orkopata, que constituyen el intento más radical de la primera mitad del siglo XX de establecer un arte autóctono como parte la totalidad heterogénea del arte peruano nacional.
(*) Universidad Libre de Berlín.
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