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ENSAYO

Por:
José A. Sánchez M. (*)

Las teorías gay, lésbica y queer
En no muy pocas ocasiones, los estereotipos se han impuesto al momento de afirmar la identidad sexual, que se muestra cambiante e inasible de ser categorizada. Sobre este aserto se fundamenta buena parte de la reformulación teórica acerca de las identidades inestables y fluctuantes, denominada queer (raro en inglés).

La palabra clave que resume la teoría del movimiento gay y lesbiano es visibilidad, ya que su principal propósito es exponer la continua negación de la existencia de la homosexualidad (1) en los discursos sociales y en las narrativas culturales. Al igual que la teoría desarrollada durante la primera ola del movimiento feminista y del criticismo de color, la teoría gay y lesbiana está preocupada por las cuestiones de género y sexualidad y su relación con lo personal y lo político. Así pues, al inicio del movimiento, el principal criticismo es dirigido contra los estereotipos.

Richard Dyer fue uno de los primeros autores en comentar cómo los estereotipos tienen la función de ordenar el mundo a nuestro alrededor, ya que funcionan socialmente para establecer y mantener la hegemonía del grupo dominante –varón, blanco y heterosexual– marginando y excluyendo a los demás grupos (mujeres, personas de color, homosexuales, clase trabajadora, etcétera). De esta manera, los estereotipos establecen oposiciones concretas entre los grupos sociales para mantener unos bordes claramente definidos entre ellos. Estos bordes son introducidos como normativas en la narrativa: el afeminado y la lesbiana masculina reproducen las normas de comportamiento establecidas para los heterosexuales, pero se quedan cortos o están en el lado opuesto del espectro de esta representación –nunca pueden ser un hombre o una mujer “de verdad”– y, por tanto, ofrecen un claro contraste subrayando y reforzando la masculinidad heterosexual del protagonista.

Los estereotipos son también introducidos usando la iconografía. Detalles visuales o auditivos en la puesta en escena pueden ser utilizados para tipificar inmediatamente la homosexualidad de un personaje; por ejemplo cierta manera de vestirse, ciertos gestos, la decoración de un lugar, la música que introduce o que escucha un personaje, etcétera, son normalmente manipulados para establecer al homosexual. Richard Dyer menciona cómo, en contraste con los significantes de raza o género, donde la diferencia es visible inmediatamente, la homosexualidad no lo es en primera instancia. Así pues, tiene que ser establecida visualmente para que parezca inevitable y “natural”. La estereotipación iconográfica categoriza al homosexual como diferente del heterosexual manteniendo bordes claramente definidos entre las dos categorías.

Ideologías de dominación

Junto con el criticismo a los estereotipos, el movimiento gay y lesbiano expresa una preocupación por estudiar las implicaciones ideológicas de la construcción binaria de los géneros. Al igual que las feministas estudian la mirada (gaze) masculina y la mujer objectivizada como espectáculo de esa mirada, el criticismo gay se cuestiona la erotización del cuerpo masculino, ya que históricamente la representación del cuerpo masculino como objeto de la mirada del espectador está llena de ambivalencia, represión y negación. Al igual que el concepto lacaniano de enmascaramiento –masquerade–, la noción de espectáculo contiene connotaciones tan fuertemente femeninas que para el varón el solo hecho de ser espectacularizado o de “ponerse una máscara”, enmascararse como actor, amenaza la esencia misma de su masculinidad. Lacan observó cómo el falo es un símbolo, un significado, que jamás puede ser representado por un significante completamente. Aunque el varón patriarcal tiene una relación privilegiada con el falo, nunca es capaz de poseerlo completamente, ya que cualquier representación de éste, su significante, siempre puede ser superada por otra diferente. Por lo tanto, el espectáculo de la masculinidad implica ser colocado en una posición femenina. Esta inmanente feminización sitúa al varón como objeto del deseo y por consecuencia presenta el riesgo de ser asociado con la homosexualidad; un peligro permanente dentro de nuestra sociedad heterosexista. Steve Neale ha estudiado cómo el rechazo del homoeroticismo que el intérprete masculino conlleva en sí mismo explica la construcción de puestas en escena y narrativas altamente ritualizadas cuya función es la de desviar la mirada, el foco de atención, del cuerpo masculino al espectáculo que le rodea.

Al llamar la atención sobre el homoeroticismo del cuerpo masculino y sobre la homoerótica representación de personajes populares, el criticismo gay y lesbiano revela una masculinidad fragmentada y desnaturalizada, en que los significantes de “varón” y “masculinidad” han perdido todo su valor, desenmascarando la crisis ideológica de la sociedad patriarcal.

La teoría crítica gay y lesbiana está completamente asociada con la ideología y el activismo político del mismo movimiento. Este activismo político abogó desde el principio por enfatizar la afirmación de la identidad gay, estableciendo lo que Diana Fuss llama una “política de identidad” en que la persona basa su política en su sentido de identidad personal: gay, lesbiana, negro, mujer, etcétera. Una de las actitudes adoptadas para reforzar esta afirmación es el establecimiento de imágenes positivas que sirven para construir y promover una idea de comunidad con una identidad visible y unificada. Aunque esta estrategia sirve para promover concienciación y acción política, su mayor problema es que crea el riesgo de representar la identidad como esencialista: la esencia innata del ser humano. Esta noción de la identidad sexual como eterna, ahistórica e inmutable crea una paradoja con la necesidad de transformación política por la que el movimiento aboga, ya que está reproduciendo los mecanismos que la hegemonía heterosexual ha utilizado para situarse como la ideología dominante. Así pues, el debate que se establece es entre la teoría esencialista y la construccionista. A este respecto, la influencia de Foucault en la teoría gay y lesbiana es altamente importante. Foucault de-esencializa la homosexualidad como categoría unificada, coherente y fija; y la historiza como una construcción cultural, como el producto de fuerzas sociales que han formado como ha sido definida, moldeada y regulada por la cultura dominante a través de la historia.

Las teorías psicoanalíticas han influenciado también al movimiento y han sido utilizadas para crear un entendimiento más complejo de la identidad. Especialmente, las teorías de Lacan son adoptadas para entender la identidad como fundamentalmente inestable y ficticia. El subconsciente constantemente desestabiliza la supuesta estabilidad de la identidad, al crear de esta manera una identidad que nunca es un producto final, sino un producto continuamente en proceso de formación. Así pues, si la identidad homosexual se entiende como una esencia homogénea y compartida, las diferencias tanto en la propia identidad como entre diferentes identidades son ignoradas. Como resultado, el activismo y el criticismo gay ha tenido dificultades tratando las diferencias entre gays y lesbianas y, aún peor, al incorporar las diferencias de clase y de raza.

Alternativas teóricas

El uso de las ideas de Foucault y Lacan sobre la identidad ha creado en la teoría gay y lesbiana un clima posestructuralista en el que no sólo se ven como sospechosas las afirmaciones de identidades estables, sino que introducen la cuestión de cómo los distintos tipos de identidades sociales se relacionan entre sí. Al incorporar los discursos de edad, clase, sexualidad, etnia y demás, obtenemos categorías dividas que se excluyen mutuamente y que luchan constantemente en lo que Kobena Mercer llama una “jerarquía de opresiones”. Es así como aparece una segunda actitud en el movimiento: el construir representaciones que afirmen la complejidad, diversidad y autodefinición de los miembros de la comunidad. Esta actitud apoya un entendimiento de la identidad como híbrido que negocia entre la pluralidad de las diferentes posturas-posiciones abriendo la posibilidad de reconocer la “unidad-en-diversidad”.

Este concepto de identidad despojada de su origen innato e inamovible –esencialismo– y entendida como una fluida y continuamente cambiante actuación social –construccionismo– es una de las ideas principales de la teoría queer, iniciada por Judith Butler en Gender Trouble (1990). Para Butler, la identidad es primordial tanto desde el punto de vista sociopolítico de la sociedad actual como desde el punto de vista académico, donde la identidad es comprendida como un elemento conceptual primordial para entender y explicar cualquier cambio sociocultural. La identidad debe ser pensada como el nexo de unión –interface– entre la posición subjetiva y categorías socioculturales como género, clase, etnia, edad, etcétera. La identidad nos da una idea de quiénes somos y de cómo nos relacionamos con los demás y con el mundo en que vivimos. La identidad organiza los mecanismos de identificación con quienes consideramos iguales –los que comparten nuestra posición– y los mecanismos de diferenciación con quienes consideramos diferentes –quienes no la comparten–. Para Butler y los teóricos queer, las identidades no son fijas ni estables, las relaciones de poder cambian según la situación del momento; nuestro destino, nuestro poder y nuestra vida no están predeterminados por las categorías discursivas y culturales. Así, la identidad se entiende como un concepto relevante pero no determinante; como el conjunto de mecanismos que como individuos seleccionamos y empleamos para comportarnos, enfrentarnos y “sobrevivir” –resistir– al mundo que nos rodea.

La teoría queer analiza los aspectos de recepción, lectura y de códigos textuales que sugieren o establecen espacios apenas contenidos por los discursos hegemónicos de género y sexualidad. Uno de los ejemplos que mejor representa este tipo de espacio es la imagen final del cortometraje The Grass is Greener (Amanda Raine, 1999). En esta película, un travesti y una lesbiana tienen que compartir el pequeño espacio de una caravana. Tras un inicio donde las rivalidades entre los dos miembros de la “comunidad” son puestas en evidencia, los dos acaban haciéndose amigos. La escena final los presenta bailando al estilo Fred Astaire y Ginger Rogers: el travesti con peluca rubia y vestido de lamé dorado, y la lesbiana con esmoquin. La última imagen los presenta besándose apasionadamente. Esta escena resume la fragilidad de las categorizaciones genéricas y de sexualidad, ya que todas ellas se presentan y se confunden simultáneamente: tenemos un hombre y una mujer besándose, por lo tanto es una imagen heterosexual, pero no lo es, ya que los dos son homosexuales; tenemos dos homosexuales besándose, pero no es un acto homosexual porque cada uno pertenece a un género diferente; tenemos a un gay besando a otro hombre, por lo cual es un acto homosexual, pero no lo es porque el hombre es una lesbiana; tenemos a una lesbiana besando a otra mujer, por lo que es un acto homosexual, pero no lo es porque la mujer es un gay.

De esta manera, la teoría queer busca examinar, contestar y confundir las categorías genéricas establecidas llevándolas a un punto crítico al exponer sus limitaciones como términos descriptivos para los mecanismos en prácticas de producción y recepción.

Como actitud de oposición, la teoría queer es subversiva porque desvela las contradicciones y ambigüedades culturales que la ideología dominante intenta ocultar. Esta actitud la vincula con el posmodernismo en su celebración de la ambivalencia y de la heterogeneidad. Al igual que el posmodernismo y el camp –considerado como estrategia de lectura textual–, el queer disfruta del uso de la ironía, la parodia, la artificialidad, la performatividad y la transgresión. Esta alianza entre camp, posmodernismo y queer ha sido observada por Andy Medhurst al notar que “postmodernism is only heterosexuals catching up with camp” (2) (206).

La particularidad

Volviendo a Butler y su concepto del género como actuación –performance–, en vez de identidad, nos permite ver cómo los géneros son una constante serie de actuaciones discontinuas e incluso paródicas de las categorías establecidas por la hegemonía social. En relación con aspectos de recepción, esta noción permite realizar cómo los espectadores son capaces de adoptar una posición queer, ya que muchas veces la identificación con los personajes fluctúa entre los géneros sin que importe el género del espectador.

Como podemos observar, la teoría queer no puede considerarse sólo como una extensión de la teoría gay y lesbiana, sino que es a la vez una reacción contra ella. El principal objetivo de la teoría queer, que aún sigue desarrollándose y evolucionando, es la necesidad de destruir los binarismos y las dicotomías en todos los aspectos discursivos de la identidad: género, sexualidad, raza, etcétera. Hay tantas identidades como personas. Lacan analizó la paradoja que se produce cuando renunciamos a nuestra identidad individual para pertenecer al grupo y la necesidad de crear a un “otro” para construir esa identidad a la que hemos renunciado. Personalmente considero que la teoría queer ofrece una posibilidad para terminar con esa paradoja, ya que por primera vez en la historia nos ofrece la posibilidad de pensar no en términos excluyentes –the other–, sino incluyentes –the another–, considerando lo que esa “a” contiene de adición.

(*) Sigue un doctorado en Literatura en la Universidad de Ottawa (Canadá).

Bibliografía

Butler, Judith. Gender Trouble: Feminism and the Subversion of Identity. New York: Routledge, 1990.
Dyer, Richard, ed. Gays and Film. New York: Zoetrope, 1977.
Foucault, Michel. The History of Sexuality: An Introduction. Robert Hurley, trans. New York: Vintage Books, 1990.
Fuss, Diana. Essentially Speaking: Feminism, Nature and Difference. New York: Routledge, 1989.
Lacan, Jacques. “The Meaning of the Phallus.” Feminine Sexuality. Jacques Lacan and the école freudienne. Juliet Mitchell & Jacqueline Rose, eds. London & Basingstoke: The MacMillan Press Ltd., 1982. 74-85.
Medhurst, Andy. “That Special Thrill: Brief Encounter, Homosexuality and Authorship” Screen 32:2 (1991): 197-208.
Mercer, Kobena. “Skin Head Sex Thing: Racial Difference and the Homoerotic Imaginary.” How Do I Look? Bad Object Choices, ed. Seattle: Bay Press, 1991. 169-210.
Neale, Steve. “Masculinity as Spectacle.” The Sexual Subject: A Screen Reader in Sexuality. London: Routledge, 1992. 277-287.

Notas:

(1) Por el propósito de claridad y simplicidad, el término “homosexualidad” y sus derivados serán usados para incluir tanto a gays como a lesbianas, excepto cuando se especifique lo contrario.

(2) “El postmodernismo es tan sólo heterosexuales poniéndose al corriente con el camp.”

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