Director: GERARDO BARRAZA SOTO

AÑO DEL ESTADO DE DERECHO Y DE LA GOBERNABILIDAD DEMOCRÁTICA

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HEMISFERIOS

Por:
César ángeles L. (*)

Nazario dibujos y colorines colorados
Nazario Luque Vela (1944), mejor conocido como NAZARIO, es un peculiar dibujante sevillano que, en la vasta y heterogénea tradición del cómic español, representó el espíritu anarco-jipi y beat que bulló hacia fines del régimen franquista. Un artista que, como mucho de la “movida española” de entonces, tuvo un espíritu más bien frívolo, harto provocador y, siendo sinceros, poco crítico ante las raíces de los problemas sociales.

En alguien como Nazario se juntan dos tradiciones de España, y más específicamente de Madrid y Barcelona: el dibujante de cómics y el gay que asume su opción hasta confrontarse públicamente con la moral imperante de su sociedad.

Respecto a lo primero, la historiografía del cómic español tiene dos momentos históricos importantes: 1) la Posguerra, con trabajos como “Roberto Alcázar y Pedrín”, “El Capitán Trueno”, “Flechas y Pelayos” y “El guerrero del antifaz”, todos los cuales y otros más trasuntaban una línea ideológica de cuño fascista, a la vez que eran muy populares, y 2) la Transición, con una instancia previa de claro predominio del cómic infantil como “Mortadelo y Filemón”, “SIPI y Zape” o “Anacleto, agente secreto” de humor abstracto y caótico, entre otros. Ya en plena transición, de vuelta al régimen constitucional, prevalece la publicación de “Star Cómics”, que traduce y divulga las historietas de Crumb y de otros autores del punk-underground norteamericano, destacando la serie “The Freakbrothers” o “Den”, de Richard Corben, un personaje calato que entre lucha y más luchas folla indiscriminadamente. Éste es el terreno que ha de preparar la aparición de una de las revistas españolas más recordadas: El Víbora, que reunió a buena parte del underground de la península.

Con un tratamiento descarnado y agresivo de temas escatológicos, drogas y sexo, estos dibujantes conectaron muy bien con otras manifestaciones de la desbordada escena artística local de entonces –Pedro Almodóvar, por ejemplo, hizo fotonovelas en esta línea. En El Víbora publicaron Mariscal, Cesepé, Max... y apareció la historieta “Makoki”, que debido a su éxito se convirtió luego en una revista. Y claro que entre ellos estaba también NAZARIO, quien, de todos sus personajes e historias, le tuvo más cariño a Anarcoma: “una historia de detectives en la que Humphrey Bogart es una especie de transexual medio Bogart medio Lauren Bacall” (del prólogo a Nazario / Historietas. Obra completa 1975-1980), y que tenía hasta un robot, el “XM2”, con un falo enorme que se erectaba al pulsarle el ombligo.

De esta época es también una revista que frecuenté en Lima, durante la década de 1980: Bésame mucho y también Cairo, que elaboraba un humor más elegante y publicaba a “Corto Maltés”, célebre personaje del cómic belga.

Respecto a lo segundo que señalé al inicio, Barcelona –donde vive NAZARIO– es una de las ciudades europeas (las otras están en los países escandinavos, los Países Bajos, Alemania y Reino Unido) donde la organización y activismo de los homosexuales se consolida año tras año. De hecho, en la capital de Cataluña radican diversas asociaciones que van desde posiciones más orgánicas con la sociedad, como la Coordinadora Gai-lesbiana, hasta sectores más libertarios y anarco-trotskistas como el Front d’Alliberament Gai de Catalunya, pasando por casuales e inimaginables grupos como los Gai Cristians/es de Catalunya.
Asimismo, hay festivales de cine y teatro homosexuales, y librerías, como la conocida Cómplices, especializadas en el tema (en España, el primer libro de Jaime Bayly, No se lo digas a nadie, fue un éxito de ventas); igualmente existe gran cantidad de bares, discotecas y saunas apodados “de ambiente”. Fue en la bella Barcelona donde entré por primera vez a un bar de lesbianas.

Es, por cierto, importante volver siempre sobre asuntos como la discriminación sexual o de opciones sexuales, venciendo el miedo y represión basados en prejuicios heredados. Pero en esta batalla, muchos homosexuales –al igual que otros colectivos– pierden de vista el bosque, es decir, no sitúan dicha pelea al interior de la correlación de fuerzas políticas en una sociedad injusta. Es allí donde se decide todo acerca de cómo vemos la sociedad y qué deseamos hacer con ella.

Muchos gays y lesbianas se posicionan en bloque, y así caen en la vocación por el gueto; algo que los aísla de otras batallas donde se decide entre una vida represiva, gobernada por élites antidemocráticas, o lo contrario a ello. Centrándonos en el colectivo gay, y valiéndome de una imagen quizá tosca, digo que no sólo es importante sujetar el asta, sino, más aún, la bandera: su más intenso color. Y aunque los sofisticados medios de comunicación insistan desde la platea en que el futuro está ya resuelto, liquidado, que los ideales han fenecido y que sólo queda reproducir el presente heredado, no sirve escuchar tanto a estos ilusionistas y acabar mirándonos reduccionistamente el ombligo.

La problemática sexual queda ineludiblemente dentro de la transformación global de la vida, y no se pone buenos cimientos alterando de una manera fija y para siempre el orden de estos factores.

Volviendo a NAZARIO –¿acaso hemos salido de él?–, este autor parece haber entrado a una etapa más verbal que gráfica. Así me pareció cuando, hace unos años, vi su libro Plaza Real / safari (ediciones Vosa SL, abril, 1995), escrito con un estilo más bien reposado, costumbrista, y dedicado a este histórico espacio urbano y a su fauna, ubicado en pleno corazón del barrio chino de Barcelona. Llama la atención, en este trabajo, el capítulo “Drogas”, donde el nervio realista de esta pincelada verbal da buena idea de una escena frecuente en las calles de la Unión Europea: el consumo de drogas duras y sus demoledoras consecuencias (pero ¿y las causas? De ello no trata este libro). No deja de llamar la atención que un hombre, que conoció la cachiporra del orden burgués y sus gendarmes, y que con su actitud excéntrica expresó a buena parte de la clase media intelectual española post-Franco, termine este pasaje sobre drogadictos (que para nada son los peces gordos de esta historia) recomendando una mayor presencia policial ante este problema, antes que alentar con imaginación y coraje soluciones más de fondo. Una muestra más de las limitaciones aludidas anteriormente acerca de la reivindicación levantada por ciertas minorías, como la de los gays y lesbianas, y sus no siempre conscientes interrelaciones con las condiciones reales y concretas en las que transcurren las sociedades e individuos de todo tiempo y lugar.


(*) Escritor. Siguió una Licenciatura en Literaturas Hispánicas en la Pontificia Universidad Católica. Colabora regularmente en identidades.

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