Edición N° 88
04 de Julio, 2005
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DIARIO OFICIAL
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Editor: Enrique Cortez
Redactor: Giancarlo Stagnaro
Diseño: César Fernández
IDENTIDADES

Imágenes de la tierra, una exposición que no debe pasar inadvertida
Lecturas de una memoria visual
Sorprendente testimonio del mundo campesino. El legado artístico reunido a lo largo de diez años en las zonas rurales del país conforma el archivo de pintura popular que hoy, en manos del Museo de Arte del centro cultural de San Marcos, es el más vasto y único en su tipo.


En el núcleo de su vigoroso sentido artístico, cada una de las 3 mil 500 obras que hoy forman el Archivo de Pintura Campesina posee la intensa carga de ser su propio testimonio. Realizadas en una época signada por drásticos hechos políticos y sociales, y en debida cuenta de diez concursos nacionales de Dibujo y Pintura Campesina, cada creación responde a una voz que, más allá de los parámetros artísticos usuales, se manifiesta en el suceso real, deviene en el documento.
Imágenes de la tierra. Archivo de Pintura Campesina (1984-1996), selección de 129 piezas, es actualmente la exposición que presenta el centro cultural de San Marcos a través de su museo de arte, con la curaduría de María Elena del Solar, Nelly Plaza y Gustavo von Bischoffshausen.
Hechas sobre pellejos de animales y materiales tan disímiles como la hoja de cuaderno o el papel de un saco de fideos, las obras no representan ningún enigma artístico. Sin embargo, quien las vea se percatará inmediatamente de su gran valor.


Nueva corónica campesina
No es gratuita la mención a la obra del cronista Felipe Guaman Poma de Ayala. Aquí también estamos, en muchos casos, ante códigos que requieren de una pausada contemplación a fin de darse un tiempo de “lectura” de los detalles y claves visuales que muchas veces recurren al texto como apoyo a su narración. En el caso de Imágenes de la tierra, su universo abarca desde la violencia hasta el medio ambiente, territorio, recursos, comunidad y vivienda, organización social, materiales y técnicas. Ello permite un referente en el estudio de las sociedades campesinas provisto de una riqueza singular. Los textos explicativos, a su vez, recogen narraciones orales, descripciones de la vida cotidiana, la apreciación de los propios campesinos ante los hechos ocurridos en su entorno y en el nacional, y cuya existencia –aunque no figuran en la exposición– de por sí convierte en invaluable el conjunto de obras que, salvadas del posible olvido (aún quedan un promedio de 3 mil 500 obras más en poder de diferentes instituciones), ya forman parte de los fondos de una institución idónea. Muestra recomendable por donde se le vea, para quien posea el poder de despojarse de sus ojos acostumbrados a lecturas occidentales.


Por la memoria
Asimismo, no queremos dejar de mencionar lo interesante que sería que el esfuerzo por llevar a cabo nuevos concursos de dibujo y pintura campesina renazca en quienes puedan conseguir los medios para su realización. La imperiosa necesidad de los habitantes de las zonas rurales por comunicar, por estar presentes en el acontecer de la vida social y política del país, tal como se refleja en Imágenes de la tierra, es, de por sí, de continua existencia.
Finalmente, montada de manera eficiente en tres de las renovadas salas de la antigua Casona sanmarquina, la única salvedad que propondríamos a la muestra sería usar marcos con aire excesivo y “paspartús”. Estamos, como dijéramos, ante testimonios, documentos de una memoria rica que trasciende y supera nuestros códigos. Estamos no ante un proceso que va del testimonio al arte, sino ante el arte del testimonio.


Daniel Contreras M.

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