Edición N° 88
04 de Julio, 2005
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reseÑas

Una crítica afirmativa
Como toda toma de posición, la de Moraña es también una puesta en escena autobiográfica que nos muestra el recorrido de un actor, en este caso una mujer plena de conciencia histórica.


Con Crítica impura, Mabel Moraña, profesora de Estudios Culturales de la Universidad de Pittsburgh, Estados Unidos, nos entrega una toma de posición, una historia y una metodología para analizar la cuestión latinoamericana.
La toma de posición, deriva o se entiende como el efecto de un saber histórico que se construye en la medida en que la autora interpreta las representaciones del pasado americano. Esa lectura de los textos del pasado, que en sus investigaciones tienen un justificado inicio en la época del Barroco, se contrasta a la luz de hechos actuales o interpretaciones recientes, como las de Antonio Cornejo Polar, ofreciéndonos explicaciones que invitan a considerar su posicionamiento: un ejercicio crítico, “impuro” si lo pensamos desde el lugar de enunciación: ese espacio monstruoso, anormal, femenino, idólatra, etc., en que instalaron las primeras narrativas de la metrópoli –no sólo occidental, sino también imaginaria– al Nuevo Mundo. Como toda toma de posición, la de Moraña es también una puesta en escena autobiográfica que, visto desde una sociología de los intelectuales, nos muestra el recorrido de un actor, en este caso una mujer plena de conciencia histórica.


Esta presencia de la historia no es tangente en Crítica impura, ya que a lo largo de sus páginas Moraña postula una historia sobre América Latina que vale la pena atender. En efecto, en este libro, la autora aborda, desde algunos textos del siglo XVII, la naciente conciencia de sí mismos que el sector criollo adquiere a raíz de frustradas gestiones de mejora como grupo social frente al poder peninsular. Este fracaso político, que distancia a los hijos de españoles nacidos en América de los peninsulares, tuvo, según la autora, su mayor expresión de tensión en las luchas por la independencia. Con la formación de las repúblicas hispanoamericanas, el discurso criollo se oficializa. La ambigüedad del criollo, expresada en la contingencia de ser dominantes frente a las poblaciones indígenas, mestizas o afroamericanas; y en desventaja en función del poder metropolitano, pero con la necesidad de mantener una buena relación que asegure su mediana situación dominante, explica el fracaso, visto desde la actualidad, de sus proyectos de nación, identidad e historia que pensaron construir una vez lograda la independencia. Moraña, en este libro, nos ayuda a entender los anudamientos y los lugares de exclusión que constituyeron, desde su origen, nuestros estados sin nación: espacios de constante conflicto entre realidades culturales disímiles, violentadas e incomprendidas.


En términos metodológicos, Crítica impura reúne lo más resaltante de la producción conceptual por parte de críticos latinoamericanos en estos últimos años. Nociones como transculturación, hibridez, heterogeneidad son presentadas por Moraña con mucha atención a su contexto de producción. Así las categorías no resultan elementos que oscurecen sus textos, sino que al contrario permiten explicar cuestiones desde una perspectiva latinoamericana que de otra manera no sería posible. Semejante uso se expresa también en la presencia de elementos de la teoría literaria, de los estudios culturales, de la antropología, de la actualidad política y desde la autobiografía: “Para los críticos de mi generación, volver a los sesenta es, entonces, como rastrear la huella de nuestros propios pasos, internarnos por caminos que conducen a demarcar una topografía emocional, donde los territorios de la memoria se van esclareciendo a partir de las repercusiones subjetivas que dejaron, a nivel individual y colectivo, un espacio y un tiempo pasados pero propios, cuya impronta sigue condicionando, de alguna manera, nuestros hábitos interpretativos”. (123-124, énfasis de la autora)


Repliegues
Crítica impura está dividido en cuatro secciones, que reúnen textos de diversa extensión. La primera, titulada “Pliegues del canon”, hace referencia teórica a la propuesta de Gilles Deleuze, y permite a la autora mostrar una historia latinoamericana que no depende de un exterior, la historia occidental –de la cual ha llegado su fin, según Gianni Vattimo–, sino de una revisión interior, de una arqueología en los diversos pliegues y repliegues simbólicos que une nuestra actualidad con el pasado y que se presenta como un viaje a la semilla para el investigador, barroco nos sugeriría Alejo Carpentier. Esta sección, la más amplia, es la mejor del libro y presenta artículos novedosos como la evaluación que para el latinoamericanismo representa la obra de Walter Benjamin, un pensador que permitió: “un camino abierto, visionario y quizá premonitorio, capaz de proveer herramientas inéditas para la interpretación de una historia que no lograba levantar el vuelo por encima de las ruinas del pasado reciente. Más que una vanguardia ideológica, América Latina reclamaba una hermenéutica creativa”. (138) Asimismo, “Borges y yo. Primera reflexión sobre ‘El etnógrafo’” es un artículo atento al detalle, un modelo de análisis literario desde una perspectiva cultural, que aborda esa “alteridad” que los acercamientos más occidentales han evitado ver en la obra de Jorge Luis Borges. Igual interés merece el análisis del que es objeto el diario de Ángel Rama, un texto donde Moraña despliega con pertinencia diversas líneas teóricas en torno a lo autobiográfico, recuperando un contexto y un discurso, el de Rama, del todo vigente.


La segunda sección, “Debates literarios y culturales latinoamericanos”, pone el termómetro a un conjunto de temas actuales, propicios para los nuevos investigadores. Por ejemplo, la cuestión del orientalismo, que en nuestros países se muestra como una afirmación por la alteridad, aunque sus textos poco tengan que ver con “oriente” y más con la manera de ser oriental o querer serlo desde América Latina. Temas como la identidad, las migraciones o los intelectuales y su relación con los Estados resultan, desde el tratamiento que hace Moraña, no sólo necesarios sino de un urgente replanteamiento.


“Antonio Cornejo Polar ante la crítica”, tercera sección de Crítica impura, argumenta a favor de la vigencia del trabajo crítico del investigador peruano. Una sección que invita a leer (o a releer) Escribir en el aire, un texto de 1994, clave para entender las dinámicas culturales de los países andinos. Moraña, a lo largo de este libro, muestra en sus análisis lo productivo que resulta el trabajo de este crítico. La última sección consiste en tres notas sobre el trabajo narrativo de Damiela Eltit y crítico de Susana Roctker y Jean Franco. Son notas que evalúan, identifican temas e invitan a leer el trabajo de estas autoras. Lo interesante es que Moraña al presentarnos el trabajo de estas mujeres no cae en ningún sectarismo de género. Sus análisis, al contrario, recuperan los aportes como un lucido ejercicio intelectual.


En general, es destacable la vocación pedagógica que recorre Crítica impura. Se trata de un texto que aparece como índice, en el sentido de indicio, de la situación y los caminos de los estudios latinoamericanos; pero también funciona como un índice que señala temas, libros, autores, que conviene leer para conseguir una autoconciencia histórica que ni la escuela ni la universidad han sabido construir. Una autoconciencia impura, escandalosa para el hegelianismo, monstruosa para las estéticas más conservadoras; pero una esperanza para el trabajo intelectual en nuestros países.


Angélica Serna
Realizó estudios de maestría en Literatura Hispanoamericana en la PUCP.

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