Edición 90
8 de agosto, 2005

 Director: Gerardo Barraza Soto    Editor: Giancarlo Stagnaro
 > homenaje
In memóriam
Guillermo Lohmann
Considerado el “Señor del Virreinato”, por su profundo conocimiento de esta época en el Perú, Guillermo Lohman Villena, uno de los últimos historiadores serios del país, falleció recientemente. De extensa y fecunda obra, la presente y las futuras generaciones tendrán mucho que reconocerle gracias a la senda que dejó.

            No. No quería escuchar la noticia que me leían. Quería creer que el doctor Lohmann saldría del hospital y regresaría a sus quehaceres en el Archivo General de la Nación (AGN) y en su escritorio. No pudo inaugurar el nuevo local del archivo virreinal. Quizás no le habría gustado el cambio, pero sí ver que los documentos que tanto apreciaba estaban ordenados, fuera del polvo y la humedad, en lugares adecuados, listos para ser consultados.
            La última vez que lo vi fue allí, en el local antiguo del AGN, en el sótano del Palacio de Justicia. Llegué a las 09.00 horas para entrevistarlo y él estaba en la sala de lectura, de pie frente a un enorme legajo, con varias tiras de papel que colgaban de sus labios. ¿Qué hacía con esas tiras? Identificaba los folios en los que había algo interesante. Y ¿por qué en los labios? Para dejarle libres las manos y poder mantener el legajo abierto.
Una de las preguntas que le hice después fue justamente esa: ¿en qué proyecto trabaja ahora? Quería saber qué era lo que indagaba en ese momento. Su respuesta fue evasiva: no es bueno andar diciendo por allí qué hace un investigador, porque alguien puede robarle la idea. Me dijo que estaba reuniendo información variada para que otros estudiosos la utilizaran en sus trabajos: fechas, lugares, nombres, títulos, todo es importante para rastrear el pasado, para intentar reconstruirlo y poder entenderlo mejor.
            Así como cuando leí su artículo sobre el intérprete-traductor Juan de Betanzos [1], titulado simple y sencillamente “Unas notas documentales sobre Juan Díez de Betanzos”. No había mucha elaboración “literaria” o narrativa; artículo parco, escueto. Sólo indicaba minuciosamente en qué documento y en qué circunstancia Betanzos firmó como Juan de Betanzos y en cuáles como Juan Díez de Betanzos. A algunas personas esto les parecerá banal o incluso tonto. Pero a mí, no. Me pareció exactamente lo contrario.
            Cuando no lo conocía personalmente, leí un libro suyo publicado en la década de 1980. Tengo que confesar que me costó leerlo, especialmente por el estilo de la narrativa. Después, cuando me familiaricé con los “dicho”, los “sepan quantos” y los “los que esto leyeren”, me di cuenta de que Lohmann hablaba y pensaba como los documentos que leía, con la sintaxis barroca y el léxico anticuado.

Los Pizarro

            Lohmann fue un historiador que se trasladó al siglo XVI y de vez en cuando circulaba por el XVII y aun por el XVIII. ¿Y cómo no hacerlo si durante casi 70 años leyó todos los días documentos coloniales? Y es que ¡hay tanto por leer! Uno de los temas que trabajó mucho fueron las semblanzas y las biografías, como la de Juan de Matienzo [2] o la de Gonzalo Pizarro [3]. Lohmann fue uno de los que más incisivamente y con mayor originalidad se adentró en la época de la rebelión pizarrista para intentar encontrar la clave que le permitiera entender las tremendas pasiones que se desencadenaron en ese momento.
            Fue justamente sobre otro de los Pizarro, Francisco, que trató uno de sus libros [4], utilísimo para mis investigaciones. En esta obra tampoco escribe mucho: se explica en unas pocas, inteligentes y condensadas páginas sobre el personaje y su época. Lo demás, unas 400 páginas, son documentos inéditos hasta ese momento firmados por Francisco Pizarro o atribuidos a él. Hay toda una gama de tipos de documentos. Pero, ¿para qué me va a servir eso? Pues, ahora para ampliar la biografía del padre Valverde que acompañó a Pizarro en el viaje del descubrimiento y luego en la Conquista. Como Valverde era el más ilustrado de los viajeros (dato de Lohmann que parece obvio sólo después de que lo dijo, pero en lo que no se había pensado antes), ayudaba a Pizarro en la redacción de documentos, como, por ejemplo, los correspondientes a las fundaciones de las ciudades.
            El libro sobre Pizarro me lo prestó una colega. Como era tan importante para mis investigaciones, lo busqué en Lima, sin suerte. Había sido publicado en España, de modo que otro colega español lo encontró y me lo compró. Me lo llevó al Congreso de Peruanistas que se reunió en Sevilla en 2004. Allí coincidimos todos, Lohmann también, ya que era quien lo presidía.
            Fue un honor para nuestro panel, que yo había organizado, que el doctor Lohmann estuviera presente durante nuestras exposiciones. Nos escuchó atentamente desde un costado de la sala, donde se había sentado solo. Y no hizo ningún comentario ni pregunta al final de la sesión. Nunca lo hacía. Eran temas del siglo XVI, así que no era por falta de interés. La polémica no era para él.
            Al salir de la sala se me acercó: “¡Oh sorpresa!” y me dijo: “Le ha dado duro usted a Pizarro”, con una sonrisa cómplice: yo había utilizado las armas que él me había proporcionado en su libro no para ensalzar la figura del conquistador, sino, al contrario, para desmontarla del andamiaje de leyenda en que se le mantiene. Para mí, esa expresión fue una nota aprobatoria del maestro.
            Tenía su libro sobre Francisco Pizarro en las manos; me lo acababa de dar el colega español. Le pedí que me lo dedicara. “Claro que sí”, me dijo. Se apartó de la gente que salía de la sala y se apoyó sobre un escritorio. Escribió: “Para Lydia Fossa: con el testimonio de amistad en Pizarro. Sevilla, junio 2004.” Sentí que esas palabras sellaban nuestro vínculo académico: me había aceptado como interlocutora, como miembro de la logia de los que viven, secreta o abiertamente, en el siglo XVI.
            Mi libro sobre los primeros años de Pizarro en el área andina recién toma forma. Y seguiré consultando los textos de Lohmann. Y mis libros les servirán a otros, y así avanzaremos en la comprensión de una de las historias más desconocidas de los pueblos colonizados. Las personas se van y los libros quedan. ¡Gran herencia de un gran investigador!


Notas
[1] “Unas notas documentales sobre Juan Díez de Betanzos”. En: Arqueología, antropología e historia en los Andes. Homenaje a María Rostworowski. Rafael Varón Gabai y Javier Flores Espinoza, editores. IEP y BCR, Lima, 1997, 127-131.
[2] Juan de Matienzo, autor del Gobierno del Perú (su personalidad y su obra). Escuela de Estudios Hispano-Americanos, Sevilla, 1966.
[3] Las ideas jurídico-políticas de la rebelión de Gonzalo Pizarro. La tramoya doctrinal del levantamiento contra las Leyes Nuevas en el Perú. Universidad de Valladolid, 1977.
[4] Francisco Pizarro. Testimonio. Documentos oficiales, cartas y escritos varios. Edición de Guillermo Lohmann Villena, introducción Francisco de Solano, Volumen III, Monumenta Hispano-Indiana. Quinto centenario del descubrimiento de América, CSIC, Madrid, 1986

> Lydia Fossa
Docente del Posgrado de Ciencias Sociales
de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos