El recorrido del dinero, desde los virreinatos españoles a la Metrópoli, es un tema apasionante e ilustrativo para la historia del capitalismo, pero poco conocido en el Perú. Aparte de algunos trabajos pioneros en este campo, el panorama se muestra aún oscuro, sea por la ausencia de documentos que iluminen sobre la actividad comercial y financiera de la época, sea por lo arduo que implica realizar una investigación semejante.
El último libro publicado por el historiador Guillermo Lohmann Villena, Plata del Perú, riqueza de Europa. Los mercaderes peruanos y el comercio con la Metrópoli en el siglo XVII, traza un panorama y un campo de interés sobre el tema, si bien incompletos como él mismo reconoce, sí harto instructivos, porque a la vez que alecciona sobre el flujo comercial entre el Perú y España, se constituye en modelo de investigación.
El talento de un investigador se expresa en la minuciosidad en que constituye su corpus de estudio –en el caso del historiador, en la atención de la búsqueda y selección de documentos en que basará su estudio– y en la agudeza de sus análisis de dicha documentación para establecer asociaciones de orden e importancia entre el material. De ahí las conclusiones son sólo una consecuencia.
En el caso de Lohmann Villena, su gran capacidad de trabajo en la búsqueda y hallazgo de fuentes durante décadas en los archivos General de la Nación de Lima y de Indias de Sevilla se constituye en aporte de primer orden gracias a su talento para ver la luz, entre tanta documentación notarial de finales del siglo XVI e inicios del XVII. La trayectoria comercial –y vital– de seis mercaderes de entonces conduce su investigación, echando luces sobre las rutas comerciales, pero también sobre las costumbres y las necesidades sociales de la época. De manera que historia y biografía hacen en el trabajo de nuestro autor una conjunción metodológica feliz, paradigma para los jóvenes investigadores.
Rutas y destinos privados
La desproporción entre los ingresos registrados por la tesorería real y los caudales llevados a la Península por particulares, equivalía a un triple de lo que ingresaba a las arcas fiscales, según nos recuerda el autor, siguiendo la investigación de Earl Hamilton. En consecuencia, para hacerse una idea del volumen de dinero que arribaba a la Metrópoli no bastan los registros reales; había que trabajar con otra documentación, considerando su aproximación conjetural, dado que la evasión fue un problema extendido para la administración real. En Plata del Perú..., Lohmann Villena se centra en el estudio de los documentos generados por los protocolos de los escribanos de Lima. Esta documentación le permitió identificar una red comercial en torno a Tomas Mañara, quien fue un cabal exponente de mercader en el circuito Perú-Sevilla, en “razón de su carrera profesional, de la amplitud de su giro y del prestigio social que supo granjearse” (xxvi), nos precisa el autor.
Asimismo, Mañara dejó un conjunto de cartas “llenas de interés profesional y humano” que permitían avizorar, entre él y sus corresponsales, un tramado de intereses solidarios que nos habla de una camarilla comercial dentro de la elite mercantil que dominaba las negociaciones con España.
Luego de concatenar nombres aparecidos con frecuencia y de reconstruir encargos, comisiones, encomiendas y entrever operaciones poco transparentes, nuestro autor identificó “una densa maraña de intereses personales y familiares, y cómo a su vez esos consorcios, merced al nexo del paisanaje, prolongaban sus tentáculos hasta los más apartados rincones no sólo del virreinato peruano, sino de comarcas tan alejadas como la Nueva España e inclusive las remotas Filipinas y, desde luego el polo de atracción, Sevilla” (xxvii). En el caso del circuito Perú-Sevilla, la ruta se iniciaba en el Callao con destino a Panamá por el lado del océano Pacífico; de allí se dirigía por tierra (o por la ruta de Chagres, precisa Lohmann) a Portobelo, puerto de embarque de Panamá hacia la Metrópoli y célebre por ser objeto de ataques de los piratas.
Dos personajes femeninos
Entre los biografiados que nos presenta el autor –a saber, los comerciantes Tomas Mañara de Leca, Domingo de Garro, Lope de Munibe, Gregorio de Ybarra, Pedro de Avendaño Villela y Andrés Martínez de Amileta– aparecen dos personajes, laterales, dado que no son comerciantes, pero están vinculados a estos sea por parentesco o por tener estatus de cliente. Se trata de doña Juana Mañara y doña Ana María Coya de Loyola.
En medio de tantos nombres, Lohmann Villena ha destacado la existencia de estas mujeres, de condición menor en términos económicos, pero de una significación decisiva para ilustrar el orden social de la época. El caso de la primera, que en la narración del autor tiene amplio desarrollo, presenta a la hija que el mercader Tomas Mañara tuvo con su esclava Isabel Martina de la Concepción, años después liberada. Juana, como bautizó a la niña por intermedio de su hermano mayor, tuvo por parte del padre una relativa atención económica, que consistió en algunas remesas de dinero.
A manera de apéndice, el autor nos presenta una escueta biografía de este personaje, que se centra fundamentalmente en la reconstrucción de la vida afectiva de Juana, que a juzgar por sus tres matrimonios fue bastante intensa. En este punto, Lohmann Villena nos recuerda que el atractivo que ejercieron las mulatas sobre los españoles fue irresistible y con frecuencia “por disputarse los favores de ellas se registraron lances de honor y aun crímenes pasionales” (196).
El caso de Ana María Coya de Loyola está menos documentado por el autor. Era una mestiza, hija única del general Martín García Oñez de Loyola, gobernador de Chile entre 1592 y 1599 (por cierto, sobrino de San Ignacio de Loyola) y de la Coya Doña Beatriz Clara, hija del último inca Sayri Tupa.
Esta mestiza, radicada en Sevilla, fue atendida en términos económicos por Domingo de Garro, quien en calidad de tutor, se encargó de hacerle remesas de dinero a España, procedentes de sus bienes en Cusco y que administraba desde la muerte de su padre por encargo de la Coya Clara Beatriz, su madre.
Finalmente, la figura de Ana María Coya de Loyola se pierde en la noticia del matrimonio que contrajo con don Juan Enríquez de Borja (el 23 de agosto de 1611) y en el poder de administración de sus bienes que De Garro extendió al secretario del Consejo de las Indias.
Con este libro, Guillermo Lohmann Villena lega un trabajo de años que ilustra de manera clara los múltiples circuitos comerciales entre el Perú y España. Se trata de una investigación en proceso, sin conclusiones determinantes, pero que permite conocer un poco más acerca de la sociedad colonial del siglo XVII.
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