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Cada año,
la cacería indiscriminada pone en jaque a la subsistencia
de decenas de animales. Por fortuna, ecologistas y otros amantes
de la naturaleza ofrecen una tenaz lucha contra esta depredación.
Pero la voz de estos conservacionistas es ignorada por la gran mayoría,
y cuando se escucha, ya es demasiado tarde. Dispuestos a evitar
este irreversible final, los campesinos de la comunidad
Santa Catalina de Chongoyape desarrollan hace dos años, por
iniciativa propia, un intensivo programa de conservación
del oso de anteojos, así como del resto de especies animales
y vegetales que habitan en sus territorios.
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Ella es uno de los siete osos de anteojos rescatados por los campesinos
de la comunidad Santa Catalina de Chongoyape, que se preparan para recuperar
su plena libertad.
El drama de Daría también lo padecieron sus compañeros
plantígrados Tongo (de dos años) y Domingo
(de 25). Ahora viven en condición de semicautiverio en
la Reserva Ecológica de Chaparrí, recuperándose de
las heridas que les dejaron los tiranos que fungen de domadores de fieras.
Mandíbulas desviadas, tabiques rotos y colmillos quebrados son sólo
algunas de las evidencias del maltrato recibido.
Chaparrí es el nombre de un cerro tutelar ubicado al este de la ciudad
de Chiclayo, donde se asienta la comunidad Santa Catalina del distrito de
Chongoyape, con más de dos mil habitantes. Dedicados al trabajo de
la tierra desde tiempos ancestrales, un día se dieron cuenta de que
estaban perdiendo a sus engreídos: los osos andinos.
Ante la amenaza de extinción de esta especie y de muchas otras que
habitan el ecosistema del bosque seco ecuatorial en que viven, los campesinos
tomaron cartas en el asunto. ¡No más cacería ni
tala de árboles! El grito unánime de la comunidad fue
más fuerte que el rugido de un oso, y todos asumieron la función
de guardabosques.
Así nació la idea de crear la primera área privada
de conservación del país, reconocida como tal por el Instituto
Nacional de Recursos Naturales (Inrena) en diciembre de 2001. De esta manera,
la comunidad destinó 34 mil 412 hectáreas de su territorio
a un proyecto sostenido de protección para evitar la extinción
y la cacería ilegal de osos de anteojos, venados, zorros, sajinos,
pavas aliblanca, bandurrías, cóndores andino y real, boas,
iguanas y peces.
El
programa de conservación del oso de anteojos o andino comprende la
recuperación de las poblaciones salvajes y el rescate de los ejemplares
que permanecen de manera ilegal en circos, fábricas e inclusive como
mascotas en algunas viviendas.
En el Perú, los últimos refugios naturales donde habita esta
especie son los bosques secos de Cajamarca, Amazonas, La Libertad, Cusco,
Áncash y Apurímac. Sólo en Lambayeque vive en estado
salvaje.
Los siete osos recuperados por la comunidad (tres hembras, igual número
de machos y un cachorro de nueve meses) permanecen primero en un corral
de 25 mil metros de bosque cercado. Allí aprenden a readaptarse a
su hábitat natural, a interactuar con el medio ambiente, identificar
sus comidas, el clima y los peligros, antes de ser liberados definitivamente.
Heinz Plenge, reconocido fotógrafo especializado en vida silvestre,
es uno de los promotores de la iniciativa de la comunidad Santa Catalina
de Chongoyape y nexo entre los campesinos e instituciones como el Inrena
y la ONG local Asociación Naylamp.
Los comuneros intentan ser los mejores amigos de los osos de anteojos. Se
esfuerzan por protegerlos y trabajan con las expectativas puestas en un
prometedor futuro ecoturístico. En la actualidad, son bienvenidos
todos los visitantes respetuosos de la biodiversidad y con sensibilidad
ecológica, pero, ¡cuidado!: el ingreso está prohibido
para los que degustan muchame, disfrutan de las corridas de toros o envenenan
a los perros callejeros.
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LA
RESURRECCION DE LA PAVA
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La historia de la
pava aliblanca es de Ripley. Fue registrada por primera vez en 1877
y declarada en extinción un siglo después. Y, como
para no creerlo, hizo una aparición fantasmal
hace pocos años, para instalarse de nuevo en el último
rincón natural en el mundo donde eligió vivir: el
bosque seco del noreste del Perú (Lambayeque, Piura, Tumbes
y Cajamarca).
Lo más probable es que nunca desapareciera, pero así
lo creyeron los biólogos que siguieron las pistas del estudio
de un ejemplar cazado en Tumbes por su descubridor científico,
L. Taczanovski.
El escurridizo animal jugó a las escondidas, se perdió
entre la vegetación o tomó largas vacaciones. Tal
vez sólo escapaba del acecho de los cazadores, hasta que
en 1977 el conservacionista peruano Gustavo del Solar y su colega
John P. ONeill, de la Universidad Estatal de Luisiana (Estados
Unidos), redescubrieron a la especie en la quebrada San Isidro,
distrito de Olmos, en Lambayeque.
Pertenece
a la familia Cracidae y se diferencia de su prima hermana el
ave de corral que es sacrificada masivamente en Navidad porque
viste smoking: elegante plumaje negro y escasas nueve
plumas blancas distribuidas en ambas alas, una gargantilla a manera
de corbata michi rojo sangre, que hace juego con sus
ojos; pico azulado y esbeltas patas rosadas.
Odian la soledad, son emocionalmente dependientes y por eso viven
en pareja. También son egoístas, es decir,
prefieren reproducirse una vez al año y poner sólo
dos huevos, para disfrutar el mayor tiempo posible de una eterna
luna de miel, alejados de los pichones.
Sin embargo, estas simpáticas y despistadas aves no tienen
la vida comprada. En realidad, están al borde de la extinción,
con una población que no supera los 350 ejemplares, debido,
entre otras causas, a la caza indiscriminada, una lenta reproducción
y al ataque de sus tradicionales depredadores (boas, gatos monteses,
urracas, zorros, gavilanes, águilas y otros).
Fernando Angulo Pratolongo, ingeniero forestal de profesión,
dirige el zoocriadero Barbara DAchille y el Programa de Reintroducción
de la Pava Aliblanca, en convenio con el Inrena, la comunidad Santa
Catalina de Chongoyape y el auspicio de la fundación Backus
Pro-Fauna en Vías de Extinción.
El zoocriadero es el resutado de más de 20 años de
dedicación del conservacionista Gustavo del Solar. Ubicado
en Olmos, cuenta con seis aviarios que albergan 60 jaulas, donde
permanecen 113 robustos y bien cuidados ejemplares de pava aliblanca.
El Consejo Regional de Cultura y Turismo de Lambayeque elabora un
proyecto para declarar de manera oficial a la pava aliblanca como
Ave Nacional del Perú, el cual se presentará al Congreso
de la República.
Los argumentos para justificar esta propuesta no requieren de mayor
explicación: se trata de un ave que habita únicamente
en el Perú, resucitó después de
100 años de ausencia física, y sus programas de crianza
y reincorporación son reconocidos por la comunidad científica
internacional. El único inconveniente es que esta noticia
no le agradará mucho al Gallito de las Rocas.
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