PUEBLO GUERRERO E INDOMITO
La gran nación Huanca

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La gran nación Huanca fue una de las formaciones sociales más importantes de la región central de los Andes.

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La gran nación Huanca abarcó un extenso territorio atravesado por el imponente río Huancamayo o Jatunmayo (hoy denominado Mantaro), desde La Oroya (Junín) hasta la provincia de Tayacaja en el departamento de Huancavelica.
Esta cuenca hidrográfica fue uno de los factores primordiales para el desarrollo cultural de este pueblo fundamentalmente guerrero. Hoy, los innumerables sitios arqueológicos distribuidos en ambas márgenes son mudos testigos de su grandeza, como lo demuestran los asentamientos de Tunanmarca, Arhuaturo, Huacjlasmarca, Huarivilca, Huacllimarca, Hatunmalca, Umpamalca, Huancas, Quinlliyoc, Coto Coto y Shucushmarca, entre otros.
La mayoría de los vestigios, que datan, en su máximo apogeo, entre los años 1100 a 1460 d. C., en el llamado Período Intermedio Tardío o Reinos y Confederaciones, están estratégicamente ubicados en los cerros más altos con fines eminentemente defensivos. Desde ellos es posible observar en todo su esplendor al dios tutelar de los huancas, el nevado Huaytapallana.
Este pueblo recibió influencia cultural desde el Período Formativo (presencia Chavín), Horizonte Medio (Imperio Huari), hasta la llegada de los Incas en 1460.

Pueblo indómito
La nación Huanca fue una de las más difíciles de conquistar por el imperio incaico. El cronista Inca Garcilaso de la Vega da cuenta de que vivían en pequeños poblados fortificados y eran tan crueles que desollaban a sus enemigos muertos para hacer tambores de guerra –llamados runatinyas–.
Se trató de un pueblo que logró una sólida economía basada fundamentalmente en la agricultura y muy bien complementada con la ganadería de auquénidos. A estas actividades se suma todo un sistema regular de intercambio comercial con las poblaciones vecinas de la Costa y la Selva central, debido a su privilegiada ubicación geopolítica.
Estas ventajas les permitieron manejar una organización social sui géneris, en la que no existía una verticalidad despótica en el manejo de las relaciones sociales de producción, que en su momento impusieron los huari y los incas.
La existencia de vínculos ancestrales como: la ideología, relativamente homogénea, sustentada en el origen común de su raza –explicado a través del mito que reseña la aparición de la pareja Urochombe e Imatatapurancapia en los manantiales de Huarivilca (Waldemar Espinoza: 1973)–, tradiciones culturales, religión, y dominio territorial político y económico; se traduce en un sostén de carácter político y social. Esto se evidenció cuando debieron resolver problemas de tipo bélico con otros pueblos.

Arquitectura urbana
La mayoría de construcciones huancas corresponde a complejos urbanos de forma circular y rectangular que eran administrados por los denominados curacas.
En estas edificaciones, hechas con piedra labrada, se utilizó una argamasa para la mampostería que es una mezcla de barro con abundante cal y arena.
Los asentamientos, que fueron construidos en las partes más altas de las colinas, mostraban un carácter eminentemente defensivo, por los muros de retención que rodeaban los recintos fortificados.



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ORIGENES EN HUARIVILCA

Sus pobladores se consideraban descendientes de una pareja que había salido de una fuente de agua conocida como Huarivilca. En este lugar, al que llamaban su huacapanaca, edificaron un templo al que consideraban un oráculo sagrado, cuyas ruinas aún pueden visitarse a unos siete kilómetros de la ciudad de Huancayo.
Por esta razón, los manantiales tienen un significado especial en el origen de los huancas, ya que los consideraban como su pacarina o lugar de origen, de donde decían que habían nacido sus primeros padres:
...“Estos indios cuentan una cosa muy donosa, y es, que afirman que su origen y nascimiento procede de cierto varón (de cuyo nombre no me acuerdo) y de una mujer que se llamaba Urochombe, que salieron de una fuente, a quien llamaban Guaribilca los cuales se dieron tan biena maña a engendrar, que los guancas proceden de ellos; y que para memoria de esto que cuentan, hicieron sus pasados una muralla alta y muy grande, y junto a ella un templo, adonde como cosa principal, venian a adorar...
Conocen estos indios guancas que hay Hacedor de las cosas, al cual llaman Ticebiracocha. Creían la inmortalidad del ánima...”

Pedro Cieza de León, 1550


LOS ARBOLES DE MOLLE

Según refieren los ancianos, los árboles de molle son una mítica pareja de dioses (varón y mujer). Los árboles son únicos por su majestuosidad, no se sabe a ciencia cierta cuántos años tienen, pero se supone que más de 450, ya que se cuenta con una referencia de un cronista en la cual describe:

“...Antiguamente cabe la fuente ya dicha edificaron un templo, á quien llamaban Guaribilca; yo lo ví; y junto á él estaba tres o cuatro árboles llamados molles, como grandes nogales. A estos tenían por sagrados, y junto á ellos estaba un asiento hecho para los señores que venían á sacrificar, de donde se abajaba por unas losas hasta llega a un cercado donde estaba la traza del templo...”

Pedro Cieza de León, 1550


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